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Chile-Bolivia, oportunidad de encuentro. Por Víctor Rojas V. Observatorio Social de la Universidad del Alba

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

La visita del presidente José Antonio Kast a Bolivia marca un hito en las relaciones bilaterales. Es una visita de Estado, la segunda desde el viaje de Carlos Ibáñez del Campo en agosto de 1955, en plena Revolución Nacional boliviana, en retribución a la visita que había hecho el presidente Víctor Paz Estenssoro, en enero del mismo año a Arica, y que significó la firma del Tratado de Complementación Económica, fiel reflejo del pragmatismo de ambos jefes de Estado en su política exterior. En aquella ocasión se dejó el tema marítimo en un plano distinto, lo que en ningún caso significó una renuncia, sino que hacer uso de una coyuntura favorable para ambos países de forma pragmática.

Pero este evento venía con viento a favor de un hito anterior: durante la Guerra del Chaco, oficiales y soldados del ejército chileno participaron como voluntarios, defendiendo el pabellón boliviano, llegando las FF.AA. a organizar el Batallón Chile. Esta acción fue muy bien recibida por el pueblo boliviano. Aquiles Vergara Vicuña, viñamarino, oficial chileno y ex ministro del primer gobierno (dictadura) de Ibáñez (1927-1931) se convierte en general de brigada del ejército boliviano y fallece en La Paz en 1968. Otros chilenos, como Vicente Romero Rojas, el coronel Ignacio Aliaga González, el subteniente Francisco Ortega Beiza (caído en combate) y el teniente Luis Zendolla, tienen actuaciones destacadas y fueron considerados héroes por la opinión pública boliviana. Para quienes quieran conocer más a fondo el tema, el cual tiene episodios apasionantes, pueden buscar el libro del fallecido historiador y educador chileno Leonardo Jeffs Castro Encuentros y desencuentros: Chile y Bolivia, que hoy recobra actualidad para comprender que es más lo que une que lo que separa a ambos pueblos.

El escenario actual, sin duda, no tiene viento a favor, pero sí se pueden sacar valiosas lecciones del hito del encuentro Ibáñez-Paz Estenssoro de 1955.
Si bien sería ideal el restablecimiento de relaciones diplomáticas, interrumpidas luego del fracaso de los diálogos de Charaña en 1978, hay otras cuestiones que se transforman en una gran oportunidad para el reencuentro e integración económica entre ambos países.

El presente es favorable para avanzar en el perfeccionamiento del acuerdo de complementación económica de 1993, por ejemplo, ampliando sus cupos para el ingreso al mercado chileno, o de plano concretando un tratado de libre comercio que sea favorable para ambas partes. Cabe recordar que la asimetría en el intercambio comercial con Chile siempre ha sido negativa para Bolivia y hay una oportunidad de cambiarlo para la conveniencia de ambas partes.

Los productos de la agroindustria boliviana deberían estar presentes en los mercados chilenos, ya que son de alta calidad y nos favorecerían con sus buenos precios y con la ampliación de la oferta disponible para el consumo doméstico.

Por otra parte, hay una oportunidad histórica de integración con Bolivia y Argentina en lo referido al litio, un gran acuerdo con gobernanza mínima común podría potenciar a los tres países, dejando sus diferencias políticas de lado, las que, en este tema, no tendrían por qué obstaculizar la prosperidad de nuestros pueblos. Se podría crear una «OPEP del Litio» que nos permita una mejor participación en los mercados mundiales.

Todo lo anterior, difícilmente podría tener éxito si no va acompañado de la reanudación de relaciones diplomáticas. No se renuncia a la legítima defensa de intereses al reanudar relaciones plenas. Ya son casi 50 años de no tenerlas entre países que son vecinos y lo seguirán siendo; actores de ambas latitudes reconocen esta situación de carencia diplomática como un sinsentido.

Cada conflicto que se ha vivido, sin canales diplomáticos plenos, no solo dificulta la comunicación, sino que también el progreso de países que están destinados a complementarse.

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