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¿Está preparado tu edificio para una inundación? Las cinco medidas que conviene revisar

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Bombas de achique, drenajes, barreras en las rampas y respaldo eléctrico son parte de las revisiones que pueden reducir los daños. Tras las lluvias en Santiago, la prevención apunta a evitar que el agua comprometa los servicios básicos de una comunidad.

Las inundaciones que afectaron a distintos sectores de la Región Metropolitana durante la tormenta del martes 13 de octubre dejaron en evidencia una vulnerabilidad de la infraestructura residencial: los estacionamientos subterráneos pueden convertirse en el principal punto de entrada del agua y desencadenar fallas que comprometan servicios esenciales de un edificio.

El episodio estuvo marcado por lluvias intensas, granizo y actividad eléctrica. Santiago acumuló 107,9 milímetros de precipitaciones en octubre, de acuerdo con los registros de la estación meteorológica de Quinta Normal, una cifra que constituye una marca histórica en sus registros de 150 años. La tormenta también provocó cortes de suministro eléctrico y anegamientos en distintos sectores de la Región Metropolitana, dejando en evidencia la vulnerabilidad de parte de la infraestructura urbana y residencial frente a eventos meteorológicos intensos.

Según antecedentes recopilados por Rabbitts Capital, el problema va más allá de los daños visibles en vehículos, bodegas y espacios comunes. En el sector de San Eugenio, en Ñuñoa, cuatro comunidades residenciales habrían resultado afectadas por inundaciones en sus estacionamientos, con consecuencias para el funcionamiento de sus instalaciones y el suministro de agua potable, de acuerdo con la información proporcionada para este análisis.

La vulnerabilidad radica en que muchos edificios concentran en sus niveles subterráneos las bombas de agua, salas eléctricas, estanques y fosos de ascensores. Cuando el agua alcanza estos espacios, los daños pueden extenderse rápidamente desde los bienes particulares hasta los servicios necesarios para el funcionamiento cotidiano del inmueble.

“Lo ocurrido fue un evento extraordinario y sería injusto responsabilizar automáticamente a los administradores o a los residentes. Sin embargo, tenemos que prepararnos para que una emergencia de esta magnitud no vuelva a comprometer tantos sistemas al mismo tiempo. La rampa de acceso, las bombas de achique y el respaldo eléctrico deben formar parte de una estrategia preventiva, porque proteger un edificio también significa proteger el patrimonio y la habitabilidad de quienes viven en él”, plantea Luis Conejeros, CEO de Rabbitts Capital.

Cinco medidas que pueden reducir los daños

Uno de los principales riesgos es la dependencia eléctrica de las bombas de achique. Si se interrumpe el suministro y no existe un sistema de respaldo, estos equipos pueden dejar de evacuar el agua precisamente cuando aumenta su ingreso al subterráneo. Por eso, la prevención debe considerar tanto la capacidad de bombeo como la continuidad de su funcionamiento.

Entre las medidas inmediatas recomendadas por Rabbitts Capital se encuentran:

  • Probar las bombas de achique: encenderlas y comprobar que evacúan agua correctamente, sin limitarse a una inspección visual.
  • Limpiar sumideros, canaletas y bajadas de agua: retirar hojas, residuos y otros elementos que puedan obstruir el drenaje.
  • Preparar las rampas de acceso: mantener barreras o sacos de contención disponibles y establecer quién debe instalarlos cuando corresponda.
  • Definir protocolos de seguridad: capacitar al personal para activar alertas, restringir accesos y solicitar asistencia técnica. Nunca se debe ingresar a un recinto inundado con riesgo eléctrico ni manipular instalaciones energizadas.
  • Avisar oportunamente a los residentes: establecer un sistema de comunicación ante alertas meteorológicas para que puedan proteger sus bienes y retirar vehículos únicamente cuando las condiciones sean seguras.

A estas acciones se suman inversiones que las comunidades deberían evaluar con asesoría técnica: instalar pretiles o lomos de contención en las rampas, incorporar respaldo eléctrico para los equipos de bombeo, elevar tableros eléctricos respecto de las cotas de inundación previsibles y mantener un registro de inspecciones, reparaciones y pruebas de funcionamiento.

También es necesario revisar las pólizas de seguro. La cobertura del condominio no implica necesariamente que todos los daños a vehículos, bodegas o bienes personales estén asegurados. Las comunidades y los propietarios deben conocer las coberturas, exclusiones, deducibles y procedimientos para denunciar un siniestro.

Qué exige la ley y cómo deben prepararse los edificios

La Ley N.º 21.442 de Copropiedad Inmobiliaria obliga a mantener los bienes comunes y contar con un plan de emergencia actualizado. A ello se suman las exigencias de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones sobre canalización de aguas lluvias. La responsabilidad por los daños debe evaluarse caso a caso, considerando posibles defectos de construcción, fallas de mantención o factores externos.

El desafío para el mercado inmobiliario es pasar de la reparación a la prevención, reforzando las rampas de acceso, las bombas de achique y la protección de instalaciones eléctricas. Estas medidas deben incorporarse tanto en edificios existentes como en nuevos proyectos. La próxima lluvia intensa pondrá nuevamente a prueba estas vulnerabilidades: anticiparse puede marcar la diferencia entre una emergencia controlada y daños que comprometan la seguridad, los servicios y el patrimonio de los residentes.

 

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