Hay momentos en que una sociedad se mira a sí misma. La reciente Marcha con Alma, impulsada por Fundación Las Rosas y la Comunidad de Organizaciones Solidarias, fue uno de ellos a lo largo del país. Ver a personas mayores salir de sus hogares y caminar por sus barrios, acompañadas por cuidadores, voluntarios y colaboradores, fue mucho más que una actividad simbólica: fue una invitación a reconocer que la vejez está presente en nuestra sociedad y que la dignidad no tiene edad.
En Chile, hablar de envejecimiento implica preguntarnos qué tipo de sociedad queremos construir. No se trata únicamente de prolongar los años de vida, sino de procurar que estos transcurran con respeto, participación, compañía y oportunidades para seguir aportando desde la experiencia y las capacidades de cada persona. Las personas mayores integran nuestra historia, nuestras familias y comunidades. Reconocer su valor significa entender que la forma en que las integramos dice mucho de la sociedad que queremos sostener.
Cuidar, desde esta perspectiva, es también reconocer y valorar. Esta mirada se vincula profundamente con un propósito que nos inspira: “Cuidando a la gente para crear un mundo mejor, juntos”, y con una visión que pone el bienestar de las personas y las comunidades en el centro. La sostenibilidad, por tanto, no se limita a una dimensión ambiental o económica; supone asumir compromisos de largo plazo con las personas, las comunidades y el entorno en el que desarrollamos nuestra actividad.
Pertenecer a estas iniciativas refleja una manera más amplia de entender la responsabilidad empresarial. En nuestro caso, la estrategia de sostenibilidad contempla el fortalecimiento de alianzas, el voluntariado corporativo y proyectos de impacto comunitario como herramientas para generar valor social. Son vínculos que permiten sumar capacidades, compartir experiencias y apoyar causas que requieren una mirada colectiva y un compromiso sostenido en el tiempo.
El desafío de la vejez, sin embargo, no puede recaer únicamente en las familias, las fundaciones o quienes trabajan directamente con personas mayores. Requiere una conversación que involucre a toda la sociedad y un cambio cultural que nos permita mirar esta etapa desde una perspectiva más amplia. Necesitamos reconocer a las personas mayores por sus historias, conocimientos, vínculos y capacidades, entendiendo que siguen siendo protagonistas y que su experiencia constituye un patrimonio que se transmite entre generaciones.
La Marcha con Alma nos recuerda que la inclusión y el reconocimiento además de ser gestos que ocurren una vez al año, son tareas que se trabajan en lo cotidiano. Apoyar estos espacios es contribuir a que las personas mayores sigan ocupando el lugar que les corresponde: como parte activa de nuestras familias, comunidades y de la historia que compartimos. Envejecer con dignidad no es solo un desafío para quienes hoy son mayores; es una responsabilidad que nos involucra a todos, porque la sociedad que construimos para ellos es también la sociedad en la que, algún día, nos tocará vivir a varios.