En Chile, el 57,6% de las mujeres es físicamente inactiva, según la última Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud. Clínica IRAM plantea que la prevención del cáncer de mama también se construye entre un control y otro, con alimentación y actividad física.
Cada octubre, la conversación sobre el cáncer de mama se concentra en una sola acción: realizarse la mamografía. Y hacerla realmente es fundamental, ya que es la intervención que ha demostrado disminuir las muertes por cáncer de mama. Pero el cuidado no empieza ni termina ahí. Clínica IRAM propone ampliar la mirada e incorporar lo que ocurre entre un control y otro, porque la alimentación y el movimiento también influyen en el riesgo de desarrollar la enfermedad.
El cáncer de mama es la patología oncológica más frecuente en la mujer. Solo en 2023, en el sistema público, 7.503 mujeres beneficiarias de Fonasa fueron confirmadas con la enfermedad, y un 77% de ellas tenía más de 50 años. Y la mortalidad va en aumento: en 2024 se registraron 1.836 fallecimientos, un 2,6% más que el año anterior y la cifra más alta desde que existen registros, equivalente a cinco muertes diarias. La detección temprana sigue siendo la estrategia más efectiva para reducir esa mortalidad.
El escenario de hábitos, en paralelo, se ha deteriorado. La Encuesta Nacional de Calidad de Vida y Salud (ENCAVI) 2023-2024 muestra que el 51,2% de la población chilena es físicamente inactiva, cifra que aumentó respecto de la medición anterior. En mujeres el porcentaje llega al 57,6%, frente al 44,5% de los hombres.
«En Chile, solo el 40,9% de las mujeres de 50 a 69 años del sistema público tenía una mamografía vigente en 2024, lejos del 70% que el propio Ministerio de Salud se fijó como meta al 2030. Por eso insistimos en que la mamografía es fundamental, ya que permite detectar enfermedad no palpable, en etapas más tempranas mientras que el autoexamen podría permitir reconocer cambios ya más evidentes», señala la Dra. Valentina Ovalle, oncóloga radioterapeuta de Clínica IRAM.
A eso se suma la evidencia sobre factores modificables. Se estima que la prevención del cáncer en general puede lograrse en un 30% a 40% mediante la modificación de hábitos como el cese del consumo de tabaco y alcohol, cambios en la dieta y la realización de actividad física regular. En el caso específico del cáncer de mama, en mujeres posmenopáusicas con un índice de masa corporal igual o superior a 30 el riesgo aumenta entre 30% y 40%.
«Ese aumento del riesgo tiene una explicación concreta: el tejido adiposo produce estrógenos por aromatización, y esa exposición hormonal sostenida es la que incide. No se trata de dietas restrictivas ni de perseguir un peso ideal, sino de sostener en el tiempo un patrón alimentario que el cuerpo pueda mantener», explica Loreto Vásquez, nutricionista de Clínica IRAM. La actividad física regular contribuye a reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama. En personas con este diagnóstico, el ejercicio mejora la capacidad física y la calidad de vida, y puede contribuir a disminuir el riesgo de recurrencia.
«La recomendación actual es acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, o entre 75 y 150 de actividad vigorosa, además de realizar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Sin embargo, hay un aspecto que suele pasarse por alto: una persona puede hacer ejercicio físico media hora y aun así acumular diez horas sentada. Por eso, además de hacer ejercicio, necesitamos interrumpir los períodos prolongados que pasamos sentadas y movernos más durante el día. Ambas acciones contribuyen al cuidado de nuestra salud», señala Karol Ramírez, kinesióloga, especialista en oncología, de Clínica IRAM
Hábitos sí, pero también mamografía
Nada de esto reemplaza al examen. En Chile, el Programa de Imágenes Diagnósticas en APS permite a las mujeres realizarse una mamografía entre los 50 y los 69 años, cada dos años, en línea con las recomendaciones de la OMS, y desde 2023 la Ley 21.551 permite solicitarla sin orden médica a quienes cumplan el rango etario del decreto GES.
«Es importante consultar ante un nódulo o nuevo aumento de volumen en la mama o la axila, cambios en el tamaño o la forma de la mama, irritación o enrojecimiento en la piel, hundimiento del pezón o secreción no láctea, y enrojecimiento o descamación en la zona del pezón. Ante cualquiera de esas señales hay que acudir al equipo de salud, quienes determinarán qué examen hay que realizar. Para evitar ese diagnóstico con algo palpable o muy evidente hay que hacerse la mamografía de tamizaje y así detectar en etapas más iniciales. Y algo que muchas mujeres no saben: una vez que existe sospecha, el GES garantiza la confirmación diagnóstica en un máximo de 45 días y cubre el tratamiento desde los 15 años, sin copago para los tramos A, B, C y D de Fonasa. El miedo al costo o a la espera no debería ser la razón para postergar una consulta», concluye la Dra. Valentina Ovalle, oncóloga radioterapeuta de Clínica IRAM.