- La Iniciación de Pagos permitirá pagar desde una cuenta, sin ingresar datos de tarjeta ni completar manualmente una transferencia, a medida que avance la implementación del Sistema de Finanzas Abiertas (SFA).
La implementación del Sistema de Finanzas Abiertas (SFA) incorporará nuevas alternativas para pagar y recibir pagos. Una de ellas es la Iniciación de Pagos, que integra el pago desde una cuenta al flujo de compra.
En una compra online, la Iniciación de Pagos podrá presentarse como una alternativa al momento de pagar. En un comercio físico, su disponibilidad dependerá de la solución tecnológica implementada, por ejemplo, un código que permita iniciar el proceso desde el celular. Al seleccionarla, un Proveedor de Servicios de Iniciación de Pagos (PSIP) inscrito en el registro público de la CMF transmitirá, a nombre del cliente, la instrucción a la institución que mantiene su cuenta. El cliente deberá autenticarse y autorizar la operación conforme a los mecanismos habilitados por esa institución.
La principal diferencia frente a una transferencia realizada manualmente está en la experiencia. Habitualmente, la persona debe ingresar a su banco, seleccionar o registrar al destinatario, indicar el monto y luego volver al comercio. Con la Iniciación de Pagos, la instrucción se origina dentro del flujo de compra: el cliente la autoriza y el PSIP la transmite a la institución que administra su cuenta.
A diferencia de una compra con tarjeta, este proceso no requiere ingresar el número de la tarjeta, su fecha de vencimiento ni el código de seguridad, porque el pago se instruye con cargo a la cuenta del cliente.
¿Qué cambia con el Sistema de Finanzas Abiertas?
Aunque las transferencias electrónicas existen hace años, la Iniciación de Pagos requiere que bancos, emisores y demás participantes se conecten bajo estándares comunes. La Norma de Carácter General N° 514 de la CMF, modificada en junio de 2026, entra en vigencia el 3 de julio de 2027 y contempla una implementación gradual. Por ello, esa fecha marca el inicio del régimen regulatorio y no necesariamente la disponibilidad simultánea de todos los servicios para todos los clientes.
La regulación y su anexo técnico establecen interfaces estandarizadas para la iniciación de pagos, junto con reglas de consentimiento, autenticación, seguridad, disponibilidad y desempeño. El objetivo es que las instituciones participantes puedan interoperar de forma segura y bajo condiciones comunes.
“La transferencia bancaria ya existe. Lo nuevo es integrarla a la experiencia de compra. El SFA entrega una base común para que un iniciador inscrito pueda comunicarse de forma estandarizada y segura con la institución financiera y transmitir una instrucción de pago autorizada por el cliente. Esto permitirá ofrecer esta alternativa a una escala que hasta ahora era mucho más difícil de alcanzar”, explica Raúl Sapunar, gerente general de Klap.
La Ley Fintec contempla órdenes de pago únicas y pagos recurrentes predefinidos. Así, el modelo podrá utilizarse tanto para una compra puntual como para pagos periódicos previamente autorizados por el cliente, quien podrá revocar su consentimiento conforme a la regulación aplicable.
El desafío: integrarlo a la operación habitual del comercio
Para Klap, la conexión técnica entre las instituciones y los iniciadores es solo una parte del desafío. Esta alternativa también deberá integrarse al flujo con que los comercios administran tarjetas, billeteras digitales y otros medios de pago. El comercio necesitará identificar cada operación, conocer su estado y conciliarla junto con el resto de sus ventas, sin sumar plataformas o procesos innecesarios.
“Para un comercio, la tecnología que hay detrás del pago debería ser prácticamente invisible. Lo importante es ofrecer distintas formas de pagar y administrar las operaciones de manera simple. Si la Iniciación de Pagos obliga a operar un sistema completamente separado, pierde parte de su atractivo. El desafío de la industria es incorporarla a la experiencia que el comercio ya conoce”, señala Sapunar.
La implementación del SFA abre una oportunidad que va más allá de agregar una nueva alternativa de pago. Los estándares comunes podrán ampliar las opciones para consumidores y comercios, siempre que la infraestructura se traduzca en una experiencia sencilla, segura y fácil de conciliar.