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¿Por qué cuesta tanto bajar de peso? Cuándo el problema no está solo en la alimentación

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Una revisión científica publicada en 2025 explica cómo el organismo puede activar mecanismos que aumentan el hambre y reducen el gasto energético después de perder peso, dificultando mantener los resultados. En Chile, más de siete de cada diez personas de 15 años y más presentaban exceso de peso, según la última Encuesta Nacional de Salud disponible.

Comer más saludable, reducir las porciones y aumentar la actividad física son algunas de las principales recomendaciones para bajar de peso. Sin embargo, muchas personas descubren que, pese a mantener estos cambios, los resultados comienzan a disminuir, se estancan o incluso vuelven a recuperar los kilos perdidos. ¿Por qué ocurre esto? La evidencia científica muestra que la respuesta no siempre está en la alimentación, sino también en los mecanismos que utiliza el propio organismo para regular el peso corporal.

El problema adquiere especial relevancia en Chile. Según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, un 39,8% de la población de 15 años y más presentaba sobrepeso, un 31,2% obesidad y otro 3,2% obesidad mórbida. En conjunto, estas cifras muestran que más de siete de cada diez personas tenían exceso de peso. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó en octubre de 2026 que, según estimaciones de 2024, 2.600 millones de adultos tenían sobrepeso, incluidos 940 millones que vivían con obesidad.

Pero más allá de las cifras, uno de los mayores desafíos está en comprender por qué perder peso y, especialmente, mantener esa reducción puede resultar tan difícil.

“La regulación del peso corporal es mucho más compleja que una decisión voluntaria sobre cuánto comer. El cerebro integra señales hormonales, disponibilidad de energía, composición corporal y estímulos del entorno para regular el hambre, la saciedad y el gasto energético”, explica el Dr. Sebastián Berroeta, médico nutriólogo y director médico de Clínica Nueva Estoril.

Una revisión científica publicada en marzo de 2025 en la revista Current Obesity Reports, titulada Physiology of Weight Regain after Weight Loss: Latest Insights, analizó distintos mecanismos fisiológicos relacionados con la recuperación del peso perdido. Entre ellos, identificó cambios persistentes en la actividad de regiones cerebrales vinculadas con el control del apetito, además de posibles influencias de la composición corporal y otros procesos biológicos. Los investigadores advierten, sin embargo, que todavía se necesitan más estudios para establecer el papel causal de algunos de estos mecanismos.

“Después de perder peso pueden aumentar señales que favorecen el hambre, disminuir señales de saciedad y reducirse el gasto energético. Parte de esta disminución es esperable porque un cuerpo más liviano necesita menos energía, pero en algunas personas también puede existir adaptación metabólica adicional”, señala Berroeta.

Esto también ayuda a explicar uno de los fenómenos que más frustración genera: el estancamiento. Una persona puede bajar varios kilos durante los primeros meses y posteriormente dejar de perder peso, aunque mantenga exactamente la misma alimentación y actividad física.

“La meseta es una parte esperable del proceso y no significa automáticamente que el tratamiento haya dejado de funcionar”, aclara el especialista. Al reducirse el peso corporal, también disminuye la energía necesaria para mantenerlo, por lo que una estrategia que inicialmente producía una pérdida importante puede dejar de generar los mismos resultados.

A estos mecanismos se suman factores que habitualmente pasan inadvertidos, como dormir pocas horas, el estrés, la genética, algunas enfermedades y el consumo de determinados medicamentos, entre ellos corticoides y algunos tratamientos psiquiátricos. También influyen las condiciones socioeconómicas, las jornadas laborales y las posibilidades reales de acceder a una alimentación saludable.

Por eso, el especialista advierte que no todas las dificultades para bajar de peso deben atribuirse a un problema hormonal. Aunque enfermedades como el hipotiroidismo pueden influir, una evaluación adecuada debe considerar los antecedentes médicos, los medicamentos, el sueño, la salud mental y los hábitos alimentarios antes de solicitar exámenes específicos.

¿Cuándo consultar? Berroeta recomienda buscar evaluación médica cuando existe un aumento de peso progresivo o difícil de explicar, cuando aparecen enfermedades asociadas, como diabetes, hipertensión o apnea del sueño, o cuando la persona recupera reiteradamente los kilos perdidos pese a realizar cambios sostenidos.

En estos casos, la evaluación puede incluir glicemia, perfil lipídico, función hepática y estudios adicionales según los antecedentes de cada paciente, sin que sea necesario solicitar indiscriminadamente exámenes hormonales.

“El objetivo no debería ser simplemente alcanzar el menor número posible en la balanza. Buscamos reducir riesgo cardiometabólico, mejorar enfermedades asociadas, preservar masa y función muscular, mejorar movilidad y calidad de vida y, sobre todo, lograr un resultado que pueda mantenerse”, enfatiza el nutriólogo.

El cambio de enfoque es fundamental: actualmente, la OMS reconoce la obesidad como una enfermedad crónica que requiere atención individualizada y seguimiento a largo plazo. Por lo tanto, el éxito de un tratamiento no debería medirse únicamente por la cantidad de kilos perdidos, sino también por las mejoras en la salud y la posibilidad de sostener los resultados en el tiempo.

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