La discusión del Presupuesto de Educación 2027 es una oportunidad para responder a la alerta de PISA 2025: Chile retrocedió 12 puntos en Lectura. Pero los puntajes no cuentan toda la historia. Solo el 63% de los estudiantes dice que sus padres o cuidadores le preguntan semanalmente qué hizo en el colegio, y apenas el 44% conversa con ellos sobre los problemas que enfrenta allí. Ambos indicadores bajaron respecto de 2022.
Estas cifras muestran un vínculo entre familias y escuelas que se debilita, y ese vínculo se construye mucho antes de los 15 años. El 13 de octubre, el Gobierno firmó el Compromiso Nacional por el Aprendizaje Lector, cuya meta es que en 2030 todos los niños lean comprensivamente al terminar segundo básico. Uno de sus pilares es “actuar desde la primera infancia y con las familias”.
Ese pilar necesita recursos. Junto con mejorar las condiciones de funcionamiento de jardines infantiles y escuelas, que siguen siendo urgentes. El Presupuesto 2027 debería incluir una línea específica para programas de parentalidad que fortalezcan el vínculo entre familias y escuelas, con metas y evaluación de resultados. A mediano plazo, el país debería avanzar hacia una subvención permanente para este fin, como lo hizo la SEP con los alumnos prioritarios.
En Fundación ALMA participaron este año mil familias, y el 73% reportó leer con sus hijos más de tres veces por semana. Esos resultados son posibles cuando las familias reciben orientación, acceso a libros y acompañamiento desde sus comunidades educativas.
Si queremos mejores resultados en la próxima década, debemos invertir hoy en las relaciones que sostienen el aprendizaje desde la primera infancia.