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¿Gomitas, calugas o caramelos? Cómo influye la textura de los dulces en la salud dental

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Cuando se habla del efecto de los dulces en los dientes, la atención suele centrarse solo en la cantidad de azúcar. Sin embargo, la textura de cada golosina también juega un rol clave, ya que determina cuánto tiempo permanece el azúcar en contacto con el esmalte. Por eso, no es lo mismo comer un chocolate que se derrite rápido que una caluga que se pega entre las muelas o un caramelo que se disuelve lentamente durante varios minutos.

Entender estas diferencias permite disfrutar de un gusto sin descuidar la salud bucal. Con algunos hábitos simples, es posible reducir el impacto de las golosinas y proteger la sonrisa de grandes y chicos.

Cómo se forman las caries

En la boca conviven bacterias que se alimentan de los azúcares que consumimos. Al procesarlos, estas bacterias producen ácidos que atacan el esmalte dental y, con el tiempo, debilitan su estructura. Si este proceso se repite con frecuencia, aparecen las caries.

Por esta razón, los odontólogos destacan que influye tanto la frecuencia como el tiempo de exposición al azúcar. En otras palabras, picotear golosinas a lo largo del día puede ser más perjudicial que consumirlas en un solo momento, ya que los dientes quedan expuestos a los ácidos durante más tiempo.

Gomitas y calugas: el problema de lo pegajoso

Los masticables, como las gomitas y las calugas, tienen una textura que se adhiere con facilidad a la superficie de los dientes, especialmente en los surcos de las muelas y en los espacios entre piezas. Así, aunque se terminen de comer en pocos segundos, sus restos pueden permanecer en la boca bastante tiempo después.

Esa permanencia prolonga la acción de las bacterias y, por lo tanto, el ataque ácido sobre el esmalte. Además, las calugas y algunas gomitas más duras pueden despegar tapaduras, coronas o aparatos de ortodoncia. Por eso, quienes usan frenillos o tienen tratamientos dentales suelen recibir la indicación de evitarlos.

Caramelos duros: azúcar en cámara lenta

Los caramelos duros tienen un efecto distinto, pero igual de relevante. Como se disuelven lentamente en la boca, liberan azúcar de manera continua durante varios minutos, lo que mantiene a los dientes expuestos por más tiempo. En consecuencia, chupar varios caramelos seguidos equivale a una exposición prolongada al azúcar.

A esto se suma otro riesgo: la costumbre de morderlos. Al hacerlo, la presión sobre las piezas dentales puede provocar fisuras o incluso fracturas, sobre todo en dientes que ya tienen restauraciones. Por lo mismo, lo recomendable es dejarlos disolver sin masticar y no consumirlos en exceso.

Dulces ácidos: un desafío extra para el esmalte

Las golosinas ácidas, como las gomitas cubiertas con azúcar ácida o los caramelos de sabores intensos, suman un factor adicional. Además del azúcar, contienen ácidos que pueden desgastar directamente el esmalte, un proceso conocido como erosión dental. Con el tiempo, esto puede aumentar la sensibilidad de los dientes.

En ese sentido, conviene no cepillarse inmediatamente después de comerlos, ya que el esmalte queda temporalmente más blando. En cambio, es mejor enjuagarse con agua y esperar un rato antes del cepillado. Así, se evita desgastar aún más la superficie dental.

Chocolate: una opción con menor permanencia

El chocolate también contiene azúcar, pero su textura se comporta de forma distinta. Al derretirse con facilidad, tiende a eliminarse de la boca más rápido que los masticables o los caramelos duros, por lo que su tiempo de contacto con los dientes suele ser menor. Eso no significa que sea inocuo, pero sí que su impacto depende mucho de la cantidad y la frecuencia.

Las versiones con mayor porcentaje de cacao, además, suelen tener menos azúcar que el chocolate de leche o el blanco. Por eso, pueden ser una alternativa más moderada para quienes buscan darse un gusto con menor exposición al azúcar.

Hábitos para disfrutar sin descuidar los dientes

La clave no está en eliminar las golosinas, sino en consumirlas con criterio. Una buena práctica es comerlas justo después de las comidas principales, cuando la producción de saliva es mayor y ayuda a neutralizar los ácidos. Asimismo, tomar agua después de comer dulces ayuda a arrastrar los restos de azúcar.

Otro hábito útil es masticar chicle sin azúcar, ya que estimula la producción de saliva, el mecanismo natural de defensa de la boca. Por último, cepillarse con pasta con flúor, usar seda dental y visitar regularmente al dentista completan una rutina de cuidado que protege el esmalte día a día.

Un gusto que se puede disfrutar con cuidado

Las gomitas, las calugas y los caramelos no afectan a los dientes de la misma manera, y conocer esas diferencias ayuda a tomar mejores decisiones. Lo más importante es moderar la frecuencia, evitar el picoteo constante y mantener una buena higiene bucal.

Así, los dulces pueden seguir siendo parte de esos pequeños momentos de disfrute, sin que la sonrisa pague las consecuencias.

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