Chile fue elegido por duodécima vez consecutiva Mejor Destino de Turismo Aventura de Sudamérica y sumó otros tres premios en los World Travel Awards. Hay con qué: desierto, volcanes, ríos y glaciares en un solo país, buena parte protegida, y guías y operadores que saben trabajar ahí.
Conviene, eso sí, saber qué se premia. Los ganadores se eligen por votación, el voto del rubro turístico vale doble y las oficinas de turismo hacen campaña. Los premios miden más la visibilidad que la gestión.
Bien usada, esa visibilidad puede atraer turistas de mayor gasto hacia destinos menos conocidos. Pero basta ver los hoteles chilenos premiados, casi todos lodges de lujo, para preguntarse cuánto de ese gasto llega a las comunidades. A eso se suman parques con pocos guardaparques, destinos saturados y empleos que duran lo que dura la temporada. Y el “Destino Verde” convive con salmoneras y proyectos mineros en los mismos territorios que promociona.
Creo que estos premios tendrán sentido cuando parte de lo invertido en promoción sirva para cuidar esos lugares y sus habitantes decidan cuánto turismo quieren recibir. Hasta entonces, son buena publicidad.