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Apicultores de O’Higgins abordan cómo proteger sus colmenas frente a cambios de temperatura e incendios

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Prevención en los apiarios, recuperación del bosque y monitoreo con sensores fueron parte de las herramientas abordadas en un curso de la Universidad de O’Higgins para enfrentar los efectos del cambio climático en la actividad apícola.

La falta de alimento y agua, el esfuerzo de las abejas para regular la temperatura de la colmena y la exposición a incendios, plantean desafíos que requieren atención dentro y fuera del apiario. Cómo reconocer estos riesgos y prepararse para enfrentarlos fue el foco del curso “Cambio climático en apicultura”, desarrollado en dos jornadas en el Campus Colchagua de la Universidad de O’Higgins (UOH), en San Fernando.

La capacitación forma parte del proyecto FIC “Programa de extensión e innovación para la adaptación de la apicultura al cambio climático”, ejecutado por la UOH a través de APIUOH y financiado por el Gobierno Regional de O’Higgins y su Consejo Regional, mediante el Fondo de Innovación para la Competitividad.

“La experiencia de los apicultores es fundamental para reconocer qué está cambiando en cada territorio. El desafío es conectar esas observaciones con información que les permita decidir con anticipación: cuándo prestar más atención a las reservas de alimento, qué riesgos existen alrededor del apiario y cómo prepararse para una emergencia. Buscamos que la capacitación les ayude a tomar esas decisiones con mayor respaldo”, plantea la Dra. Andrea Müller, directora del proyecto.

El Dr. Alex Córdoba-Aguilar, del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó cómo la temperatura y la disponibilidad de agua afectan tanto a las abejas como a las plantas de las que obtienen alimento. Mientras la sequía puede reducir la oferta floral, el calor obliga a las obreras a dedicar trabajo a la ventilación y a la recolección de agua para regular la temperatura de la colonia.

A partir de estudios internacionales, el investigador también examinó cómo la nutrición durante el desarrollo puede influir en la actividad posterior de las obreras. Su exposición aportó elementos para interpretar lo que ocurre en las colmenas, considerando que las respuestas varían según las condiciones de cada territorio.

Prevenir riesgos dentro y fuera del apiario

Frente al riesgo de incendios, Nicole Cabrera, de CONAF, abordó medidas vinculadas con las labores habituales de los apicultores: usar cuidadosamente el ahumador, comprobar que sus residuos estén completamente apagados y disponer de agua o un extintor durante el trabajo. También destacó el retiro de materiales combustibles acumulados y la mantención de vías de evacuación despejadas.

La protección del entorno se abordó además desde la recuperación de las áreas afectadas por el fuego. El ingeniero forestal Alejandro Maureira, de CONAF Cachapoal, presentó experiencias de restauración del bosque y criterios para evaluar daños, favorecer la regeneración natural o realizar intervenciones de recuperación. Su exposición incluyó alternativas para conservar el suelo y el agua, recursos que sostienen la vegetación de la que dependen las abejas.

El seguimiento de las colmenas ofrece otra herramienta para orientar las decisiones de los productores. En este ámbito, la UOH y Fundación País Digital establecieron una alianza en el marco de “Colmenas Conectadas”, que contempla la instalación de sensores en apiarios para validar tecnologías y generar espacios de aprendizaje para estudiantes y apicultores de la zona.

Durante el curso, el equipo de la fundación mostró cómo los sensores de temperatura, humedad y peso permiten observar las condiciones internas de las colmenas y los cambios en sus reservas de alimento. Además, presentó una versión de prueba de la aplicación “Colmenas Conectadas”, orientada a organizar registros de inspecciones, tratamientos, visitas y traslados, y a recoger sugerencias de los apicultores para mejorar su funcionamiento.

Esta mirada sobre el manejo y el entorno también estuvo presente en la exposición de Paula Silva Olguín, coordinadora regional de Agricultura Orgánica y Cambio Climático del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG). La profesional abordó los requisitos de certificación y trazabilidad de la producción apícola orgánica, vinculándolos con decisiones como la ubicación de los apiarios, el manejo sanitario preventivo y el cuidado de las fuentes de agua y alimentación.

De cara a las próximas temporadas, el desafío será llevar estos conocimientos a las decisiones de cada apiario, considerando las condiciones del territorio y la experiencia de los productores. El proyecto busca contribuir a ese proceso mediante la formación y el vínculo entre apicultores, investigadores e instituciones, para fortalecer una actividad que depende tanto de la salud de las colmenas como de la conservación de su entorno.

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