La expansión de los activos digitales en Chile abre una nueva etapa de convergencia con la infraestructura de pagos tradicional. Para el sector, el desafío es integrar estas alternativas en experiencias simples y seguras, con condiciones claras.
Un consumidor puede tener fondos en una billetera digital y querer utilizarlos para una compra. El comercio, por su parte, necesita cobrar, confirmar la operación y disponer del dinero en la moneda con la que administra su negocio. Conectar esas necesidades es uno de los desafíos que plantea la expansión de las stablecoins: activos digitales diseñados para mantener un valor de referencia, habitualmente vinculado a monedas como el dólar.
En América Latina, esta conversación está ganando más protagonismo. Según el informe de adopción cripto 2026 de Chainalysis, firma especializada en análisis de blockchain y mercados cripto, la región registró US$593.800 millones en actividad cripto durante el período analizado, con un crecimiento de 9,8%. Además, las stablecoins ganaron terreno en distintos usos: a junio de 2026 representaban 32% del valor transfronterizo, 22% de la actividad P2P doméstica y 17,6% de los saldos en billeteras personales analizados por la firma. Estas cifras no equivalen exclusivamente a pagos comerciales, pero muestran la creciente relevancia de estos activos en la forma en que las personas mueven y mantienen valor en la región.
En Chile, el tema ya forma parte de la agenda del Banco Central. Su Informe de Sistemas de Pago 2026 examina las oportunidades y riesgos de las stablecoins para el sistema de pagos y financiero, y establece entre sus prioridades avanzar en una regulación para stablecoins locales. Además, el Banco Central anunció que espera publicar hacia fines de 2026 una primera propuesta regulatoria aplicable a aquellas que puedan utilizarse como medios de pago.
La convergencia entre stablecoins y pagos tradicionales ya tiene distintas facetas. Una es su utilización para transferir valor entre países y, otra, su conexión con herramientas de aceptación que permiten pagar bienes y servicios. En el primer caso, las stablecoins pueden funcionar como un puente entre monedas y proveedores financieros.
En el comercio físico, el desafío es diferente. La experiencia debe permitir que una persona pague desde su billetera y que el negocio reciba una confirmación confiable, registre la venta y conozca las condiciones de acreditación. La velocidad de una transferencia en blockchain, por sí sola, no resuelve todas esas necesidades.
En este sentido, Rodrigo Soto, Senior Sales Manager, Southern Cone de Ingenico, indicó: “La adopción masiva requiere conectar las formas en que las personas mantienen y utilizan su dinero con las necesidades reales de los comercios. Las stablecoins pueden ampliar esas posibilidades si se integran a una experiencia de pago confiable, con reglas claras y una operación sencilla. Nuestro rol es habilitar esa conexión junto con nuestros socios, para que incorporar una nueva alternativa de pago resulte práctico tanto para quien compra como para quien cobra”.
Condiciones para una adopción más amplia
Para que los pagos con stablecoins puedan escalar, es necesario resolver aspectos como regulación, responsabilidades, conversión a moneda local, seguridad y custodia. Para los comercios, la clave será contar con reglas claras sobre cómo se acredita el pago, en qué moneda reciben los fondos y qué ocurre ante errores o incidentes. La adopción dependerá de que estas nuevas alternativas puedan integrarse de forma simple y confiable a la operación cotidiana.