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Caídas después de los 50 años: las señales que pueden anticipar una fractura y cómo prevenirlas

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La pérdida de fuerza muscular, falta de equilibrio y la disminución de la salud ósea pueden aumentar el riesgo de lesiones. La directora de Kinesiología de la UNAB Santiago, Dra. Lidia Castillo Mariqueo, explica cómo detectar las señales de alerta y qué ejercicios ayudan a conservar la movilidad y la autonomía.

Complicaciones para levantarse de una silla, caminar con mayor lentitud o perder la estabilidad al girar, pueden ser señales tempranas de que el cuerpo necesita atención. Aunque cumplir 50 años no significa necesariamente tener un mayor riesgo de fractura, los cambios en la fuerza muscular, el equilibrio y la resistencia de los huesos pueden aumentar la vulnerabilidad frente a una caída.

La disminución de la densidad y la resistencia ósea puede favorecer la aparición de osteoporosis, una condición que aumenta el riesgo de fracturas incluso ante caídas desde la propia altura. En las mujeres, este proceso puede acelerarse después de la menopausia, mientras que en los hombres suele avanzar de manera más gradual.

A estos cambios se suma la posible pérdida de masa muscular y, especialmente, de potencia muscular, una capacidad fundamental para reaccionar rápidamente ante un tropiezo y recuperar el equilibrio.

La Dra. Lidia Castillo Mariqueo, directora de la carrera de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello (UNAB), sede Santiago, explica que “el riesgo de fractura no depende exclusivamente de la edad ni de la condición de los huesos. También influyen las capacidades físicas, las enfermedades de base, la visión, la atención y las condiciones del entorno”.

Las señales que no se deben ignorar

Cuando se comienzan a presentar ciertas complicaciones en la vida diaria e inconscientemente se modifican ciertos movimientos, se podría advertir una disminución de la capacidad motora. “Algunas señales son caminar más lento, necesitar apoyarse en los muebles para desplazarse, tener dificultades para subir escaleras o perder estabilidad al cambiar de dirección”, explica Castillo.

La especialista también advierte que el miedo a caerse puede convertirse en un problema. Cuando una persona comienza a evitar las caminatas, las salidas o las actividades sociales por temor a perder la estabilidad, puede reducir su actividad física y debilitar progresivamente su musculatura.

“Una caída no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento. Es una señal que requiere atención, porque identificar precozmente una disminución de las capacidades permite intervenir antes de que aparezcan lesiones o dependencia”, plantea Castillo.

El efecto de una fractura

La kinesióloga explica que en el caso que una persona se caiga y efectivamente sufra una fractura, puede haber consecuencias que superan la lesión física. “Una fractura de cadera, muñeca o vértebras puede limitar la movilidad, dificultar las actividades cotidianas y afectar la participación social”, expresa.

Además, los períodos prolongados de inmovilidad pueden acelerar la pérdida de fuerza muscular y dificultar la recuperación de la autonomía. “La prevención no busca solamente evitar una fractura, sino también preservar la capacidad de las personas para desenvolverse de manera independiente, mantener sus relaciones sociales y continuar realizando las actividades que consideran importantes”, destaca la experta.

Fuerza y equilibrio

Cómo una herramienta que puede reducir de forma significativa el riesgo de caída es el entrenamiento de fuerza. “Los ejercicios de equilibrio y la movilidad funcional constituyen herramientas fundamentales para reducir el riesgo de caídas. La evidencia científica respalda especialmente los programas de ejercicio multicomponente, que combinan estas actividades con ejercicio aeróbico”, destaca.

Los ejercicios de fortalecimiento ayudan a mejorar acciones cotidianas como levantarse de una silla o subir escaleras, mientras que el entrenamiento del equilibrio favorece la estabilidad y el control del movimiento. Asimismo, advierte que caminar regularmente aporta importantes beneficios para la salud, pero no reemplaza el entrenamiento específico de fuerza y equilibrio cuando el objetivo es prevenir caídas.

Prevención

Para comenzar con el proceso preventivo, también es necesario evaluar la salud ósea, mantener una alimentación adecuada, revisar los medicamentos con el equipo de salud y adaptar los espacios domésticos para disminuir los riesgos.

Desde el enfoque de envejecimiento saludable de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el objetivo consiste en conservar las capacidades físicas y mentales que permiten a las personas desenvolverse en su vida diaria.

“Envejecer no significa necesariamente perder movilidad o independencia. La prevención de caídas debe comenzar antes de que ocurra una lesión, fortaleciendo la musculatura, el equilibrio y la movilidad, además de identificar los factores de riesgo y adaptar los entornos”, concluye.

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