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Gestión del Riesgo de Desastres: la emergencia no avisa, pero la preparación se construye. Por Mario Villanueva Jorquera, director regional del Instituto de Seguridad Laboral (ISL) Valparaíso

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

En Chile, la emergencia rara vez avisa, pero sus consecuencias se sienten con fuerza en cada rincón de nuestra región. Sismos, marejadas, aluviones e incendios forestales no solo transforman el paisaje: también impactan la vida, salud y sustento de miles de trabajadoras y trabajadores, sus familias y comunidades. Frente a esta realidad, prepararse no es una tarea que pueda dejarse para el momento en que ocurre una catástrofe.

Solemos asociar la respuesta ante una emergencia al despliegue de los equipos especializados. Sin embargo, existe una dimensión decisiva que ocurre todos los días, mucho antes de que suene una alarma: integrar la Gestión del Riesgo de Desastres a la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST). Esto implica reconocer las amenazas de cada territorio y establecer medidas para proteger a quienes realizan sus labores.

En sectores relevantes para el desarrollo regional, como la pesca, agricultura y turismo, esta preparación es especialmente importante. Muchas de estas actividades se desarrollan al aire libre, en zonas costeras, rurales o de difícil acceso. Allí, las y los trabajadores enfrentan tanto los riesgos propios de sus tareas como la exposición a eventos extremos. Los incendios forestales, por ejemplo, pueden afectar la salud respiratoria y mental, especialmente de quienes participan en labores de respuesta y evacuación.

Nuestro país ha avanzado en esta materia. La Ley 21.364, que creó el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SINAPRED), estableció un enfoque integral que considera la mitigación, preparación, respuesta y recuperación. A su vez, el Decreto Supremo 44 del Ministerio del Trabajo y Previsión Social incorpora la preparación y respuesta ante emergencias como parte de la gestión preventiva de las entidades empleadoras.

Desde el Instituto de Seguridad Laboral (ISL), como organismo administrador del Seguro de la Ley 16.744, trabajamos para fortalecer estas capacidades. Una herramienta concreta para las micro, pequeñas y medianas empresas es la Guía para la Implementación del Plan para la Reducción del Riesgo de Desastres, elaborada por la Subsecretaría de Previsión Social junto a la Mesa Laboral de la Plataforma Nacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, en la que participa el ISL. Esta guía orienta a los centros de trabajo en la identificación de amenazas, la capacitación, la planificación de medidas y la definición de protocolos de respuesta.

¿Qué significa esto en la práctica? Identificar los riesgos del lugar de trabajo y su entorno; contar con planes conocidos y actualizados, vías de evacuación y zonas de seguridad señalizadas; realizar simulacros y disponer de equipamiento adecuado. La preparación también exige cuidar la salud física y mental de las personas y establecer condiciones seguras para retomar las actividades después de una emergencia.

En zonas cercanas a áreas forestales, medidas cotidianas como mantener cortafuegos, retirar vegetación seca, almacenar correctamente materiales inflamables y revisar los equipos contra incendios pueden marcar una diferencia. Asimismo, consultar el Visor Chile Preparado de SENAPRED permite conocer las amenazas presentes en cada territorio.

La resiliencia de nuestras comunidades y actividades productivas no se improvisa; se construye en conjunto. Requiere coordinación entre entidades empleadoras, Comités Paritarios, delegadas y delegados de seguridad, instituciones públicas y trabajadoras y trabajadores. Para avanzar en esta tarea, las empresas pueden solicitar asistencia técnica a su organismo administrador del Seguro de la Ley 16.744.

La emergencia puede llegar sin aviso, pero nuestra capacidad para enfrentarla depende de lo que hagamos antes. Identificar los riesgos y prepararse permite proteger a quienes, con su trabajo diario, contribuyen al desarrollo de nuestra región. Porque ninguna actividad productiva puede considerarse verdaderamente segura si no resguarda primero la vida y la salud de quienes la hacen posible.

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