- La conciliación bancaria puede consumir hasta un 30% del tiempo mensual de un contador. Una nueva forma de abordar este proceso integra tareas que tradicionalmente funcionaban por separado: los movimientos bancarios se concilian y, a partir de ellos, se genera una propuesta contable para que el profesional revise y confirme.
Durante años, conciliar y contabilizar han sido dos tareas distintas dentro del trabajo contable. Primero se construye la contabilidad a partir de documentos y comprobantes y, posteriormente, se revisa la cartola bancaria para comprobar que los registros coincidan con los movimientos reales.
Aunque las herramientas digitales han avanzado, esa lógica continúa exigiendo cruces de información entre bancos, el Servicio de Impuestos Internos, planillas y distintos documentos. La conciliación funciona, en la práctica, como una etapa posterior de revisión de una contabilidad que ya fue construida.
La nueva tendencia apunta a integrar ambos procesos dentro de un mismo flujo. A partir de la importación de la cartola bancaria, los movimientos se relacionan con los documentos disponibles y el sistema genera una propuesta de contabilización. Así, conciliar deja de ser únicamente una instancia de control posterior y se convierte también en el punto de partida para construir la contabilidad.
“Durante mucho tiempo, los contadores han debido invertir una cantidad significativa de horas en revisar movimientos línea por línea, incluso cuando gran parte de esa información ya se encuentra disponible en distintas fuentes. El cambio está en utilizar la cartola como una base de trabajo y permitir que el contador se concentre en revisar, validar y aplicar su criterio profesional”, explica Artur Colvin, Product Manager de Nubox.
Según datos de la compañía, la conciliación bancaria puede representar entre un 20% y un 30% del tiempo mensual de un contador y, en algunos estudios, llegar a concentrar hasta la mitad de los ingresos asociados a sus servicios. Se estima que integrar conciliación y contabilización en un solo proceso puede reducir hasta un 60% el tiempo operativo destinado a esta tarea.
El efecto de esta transformación va más allá del ahorro de tiempo. Una tarea que antes exigía varias etapas puede resolverse dentro de un mismo flujo, permitiendo aprovechar mejor la capacidad de los equipos. Para un estudio contable, esto puede traducirse en atender a más clientes con la misma estructura, mejorar la rentabilidad de sus servicios o destinar más horas a labores de asesoría.
Es ahí donde también comienza a modificarse el rol del profesional. Al reducir el peso de la digitación y de los cruces repetitivos, el contador puede dedicar una mayor parte de su jornada al análisis, la supervisión y la toma de decisiones.
Según Colvin: “La automatización, en este contexto, no reemplaza el conocimiento profesional. Su aporte está en asumir el trabajo repetitivo para que el contador pueda dedicar más tiempo al análisis, la supervisión y la asesoría, manteniendo siempre el control sobre cada decisión contable”.
El cambio, por lo tanto, no está solamente en hacer más rápido un proceso existente, sino en reorganizarlo: dos tareas que antes ocurrían por separado ahora pueden formar parte de un mismo flujo, con la tecnología proponiendo y el contador manteniendo la revisión y la decisión final.