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La explosión de la música urbana femenina en Valparaíso

Este sábado 30 de mayo, el campo deportivo Refinería Concón será escenario de una nueva jornada abierta a la comunidad, que pondrá en valor la historia de la Hacienda Concón Bajo, fue hospital de campaña durante la Guerra Civil de 1891, y el patrimonio arqueológico del sector.

 

Hablar de música urbana hoy es hablar de LA movida musical actual. La música urbana abunda en cantidad y en calidad y gustemos o no, hay talento, trabajo y un abanico de posibilidades para llegar a aquello que más deleite tus sentidos.

No queremos evocar por acá a un ex director interino del Parque ex Cárcel que erróneamente afirmó que la música urbana no era música, lo que le valió el repudio de muchas y muchos. Él, en su sentir más roquero del siglo pasado no vio o no quiso ver. Hoy ya no se desempeña en el tan vilipendiado Parque Cultural ex Cárcel.

Y no quiso ver, pues si hubiera urgüeteado tan sólo un poquito se habría encontrado con una densidad y contenido musical abismante, con un colorido y frescura artística con identidad, con propuesta, con carácter y como diría otro ilustre ex director del parque, “con obra”.

Y acá nos estamos refiriendo a la abundancia de mujeres y disidencias, raperas, cantantes, cantoras, cantautoras porteñas que con fuerza se han abierto paso en el mundo musical de la ciudad, abriendo espacios, haciendo piño, moviéndose en manada.

Ya no sólo cantan con bases sus letras, sino que hace tiempo que arreglan sus composiciones para banda completa o formatos acústicos, lo que ya es otra cosa mariposa.

Si bien reina la cultura del hip hop, entre estas mujeres raperas también se desliza el trap, baladas y ritmos de música popular.

Una primera capa

Se podría identificar una primera capa de artistas que, con mayor trayectoria en esto de la música urbana, es imposible no posicionarlas en una subjetiva primera mirada. La Deyabú, Danianeko y la intensidad de la Arpía del Puerto, brillan hace años, muchos años.

Pero en el último tiempo han irrumpido otras voces que durante el 2024 se ganaron muchos pero muchos aplausos, respeto y admiración por su obra. Identificamos acá la honestidad de Zencilla, el coraje de Pangikuru, el mantra de Consuelohm, la sutileza firme de Almendra del Pilar, la energía de Franuli y la explosión reciente de Mila Santerías.

Al lado de estas artistas, hay otra capa muy pujante y que también se toman las cosas muy en serio y que con juventud y atrevimiento suben como la espuma en las redes sociales. Flow Mila, Violeta Esperanza, Wavy Serena y Gabri.

Un ojo pendiente hay también tras las ascendentes carreras de Suena Calle Luna, Adriada y el trío Crisálida y la reciente Alma Pájara. Y qué decir del aporte de latitudes cercanas de la región como Mai Piel Canela, Luna Latinah, Makary Flow, Sirena Carolina y Plexolunar.

Si de bellas voces se trata, como no traer a colación a Marian Kate, Martina Estela, el aporte nacional en música popular de Carmen Lienqueo, la potencia de la Negra Seguel o la grandeza de Marita de la Ruda Marga.

En forma paralela a esta bullante música urbana porteña, está la propuesta de las cantautoras populares como Kennya Comesaña, Taira Pizarro, Melissa Johnson y La Charawilla, que también forman su propio piño que brilla con luz propia. Nota aparte merece Aracely Cantora que con una actitud abiertamente militante canta fuerte y sin miedo.

Abriendo espacios

Una cualidad que resalta en estos piños es que sagazmente han ido abriendo nuevos espacios donde tocar, consolidando sus carreras, creando nuevos escenarios en locales nocturnos y apoyando el quehacer de espacios autogestionados, centros culturales y comunitarios de la ciudad.

Otras mujeres

Si este gran puñado de mujeres haciendo música urbana en Valparaíso te parece poco, tener en cuenta que no mencionamos el aporte de mujeres en otros géneros, como la propuesta de rock indie de Naty Lane, la roquera Lya en Pánico, el abanico de fusión de música gitana de las Korkora, los boleros de Sonríeconlosojxs o Kathy Lúa, la tremenda propuesta de Dana Arce, las cumbias de Yoni Qumbia, las baladas de Kay, el tango y boleros de Gabriela Atal, Carolina Tapia y Joyce, la potencia de Caro de Cuchilla ‘e Mono.

Vale contar también el aporte de las mujeres en las Lakitas Matrasaya, en Mamako Afo, en comparsas, murgas y tumbes. Y qué decir de las mujeres cuequeras…

Para finalizar, es necesario señalar que junto a estas mujeres, con ellas, al lado de ellas, en muchos casos trabajan hombres que también cantan y rapean, que crean beats y que tocan junto a ellas. Se repiten los nombres de Pablo Truquero, Ojosybocahh y muchos más, que seguramente merecen su propio artículo.

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