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Vecinos del Cerro Arrayán denuncian incomprensible rechazo del Consejo de Monumentos Nacionales a proyecto de nuevo ascensor para el barrio

Esta mañana, vecinos del Cerro Arrayán, encabezados por el presidente de la Junta de Vecinos, Iván Pozo, realizaron un punto de prensa en la calle Bustamante —donde se encontraba el antiguo acceso al Ascensor Arrayán— para denunciar las trabas impuestas por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) al proyecto de diseño y construcción del nuevo ascensor en el cerro homónimo.

Este proyecto, impulsado como parte de las medidas de mitigación de la ampliación portuaria y financiado por la Empresa Portuaria de Valparaíso (EPV), se encuentra actualmente en proceso de evaluación de impacto ambiental. Sin embargo, durante este proceso, el Consejo de Monumentos Nacionales observó el proyecto y, además, solicitó desestimarlo, decisión que generó profunda molestia entre los vecinos.

Iván Pozo calificó de «incomprensible» la postura del Consejo, recalcando que el ascensor no es una cuestión de estética o patrimonio, sino una necesidad urgente de transporte público. «El Cerro Arrayán está conformado mayoritariamente por adultos mayores y no contamos con movilización. Las personas deben caminar dos cerros desde Playa Ancha o pagar costosos taxis o colectivos desde la Plaza Echaurren», explicó.

Pozo también criticó duramente la actitud del CMN, señalando que «es una actitud arrogante de un clasicismo elitista que no entiende la realidad social que vivimos en el cerro. El Consejo de Monumentos ve solo una fachada, pero se olvida de las personas que día a día necesitan desplazarse».

Durante la actividad, el dirigente agradeció a la Empresa Portuaria de Valparaíso por su compromiso de perseverar con el proyecto y volver a presentarlo incorporando las observaciones realizadas. «Tenemos una oportunidad única de financiamiento y no la podemos dejar pasar. Si no defendemos ahora este proyecto, puede que nunca más tengamos la posibilidad de recuperar este medio de transporte tan necesario», advirtió.

Finalmente, Pozo llamó a las autoridades locales —especialmente al gobernador regional y a la alcaldesa de Valparaíso— a sumarse activamente a la defensa de esta iniciativa. «No es solo recuperar un ícono patrimonial; es darle dignidad y movilidad a una comunidad históricamente postergada», enfatizó.

El diputado Tomás Lagomarsino, por su parte, criticó duramente el actuar del Consejo de Monumentos Nacionales: “Más que ayudar, nuevamente el Consejo pone trabas. Primero pidieron restaurar el ascensor Lecheros, pero luego generaron tantas dificultades que se optó por este nuevo proyecto en Arrayán. Ahora, en una nueva observación, pretenden que volvamos al proyecto anterior, que ellos mismos boicotearon”, indicó.

Lagomarsino advirtió que la falta de flexibilidad en la institucionalidad patrimonial está frenando el desarrollo de Valparaíso: “No podemos seguir manteniendo la ciudad como en un cristal mientras se deteriora y se cae a pedazos. Ya perdimos proyectos importantes por observaciones similares. El Instituto de Neurociencia es un ejemplo reciente”, sostuvo.

El parlamentario informó que ya se han tomado medidas para intentar destrabar el proceso. “Hemos enviado oficios de fiscalización al Consejo de Monumentos y a la Subsecretaría de Patrimonio. Producto de esta presión, hoy nos contactaron y acordamos realizar una reunión en terreno, aquí en el Cerro Arrayán, para plantear directamente la preocupación de los vecinos”, anunció.

En representación de la comunidad, César Obreque, vicepresidente de Ascenval, también criticó la centralización de las decisiones. “La institucionalidad actual ve todo desde Santiago. Monumentos Nacionales actúa como si los patrimonios fueran intocables, olvidando que el patrimonio se preserva usándolo y poniéndolo en valor”, sostuvo. Asimismo, valoró los avances que propone la nueva Ley de Patrimonio, que busca descentralizar las decisiones a consejos regionales.

La voz de los propios vecinos refleja la urgencia de la demanda. “Yo crecí aquí con el ascensor. Hoy, con 67 años, me es muy difícil subir y bajar. Un taxi cuesta $2.500 y no siempre hay recursos”, relató Isabel Olivares, vecina del cerro. A su testimonio se sumó Gladys Vivar, quien destacó las dificultades que enfrentan las familias con niños pequeños, especialmente en días de lluvia, cuando el acceso se vuelve prácticamente intransitable.

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