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Sinner derrotó a Alcaraz en la final de Wimbledon y sumó su primer título en el césped británico

Jannik Sinner derrotó a Carlos Alcaraz por 4-6, 6-4, 6-4 y 6-4 a Carlos Alcaraz en la final de Wimbledon. El italiano es campeón por primera vez en la Catedral y evitó el tricampeonato del hispano.

El juego del itálico, preciso, consistente, regular, siempre excelso, remontó al del español, confiado en el factor humano, pero que vivió un día en el que no le salía nada.

El partido se podía resumir en las palabras de Alcaraz en el tercer set: «Desde el fondo de pista está siendo mucho mejor que yo», expresaba el español. Y si bien ganó el primer parcial, nunca pudo dominar el encuentro.

Era el italiano el que dirigía desde el fondo, como a él le gusta, de lado a lado, con una colocación milimétrica, con precisión de cirujano. Era el partido que se había imaginado en su cabeza, el que había dibujado junto a Darren Cahill para vengar lo ocurrido en París.

Demostró que a los grandes, las experiencias como la de París solo les hacen mejorar, que no se estancan. Todo lo contrario. Porque lo normal, después de perder un primer set en el que iba 4-2 arriba y en el que el español se llevó cuatro juegos seguidos, era venirse abajo y volver a ver los fantasmas del Bosque de Bolonia de hace cinco semanas.

Pero nada, este Sinner es otro, más maduro, igual de predecible, pero igual de difícil de contraatacar. «Haga lo que haga le va a entrar», admitía Alcaraz a su equipo, entregado al liderazgo de un tenista que en octavos de final estaba fuera ante Grigor Dimitrov, pero que utilizó esto como gasolina.

En el segundo y tercer set, desplegó el mejor tenis de su carrera en hierba, con un saque impoluto, ganando más de un 70 % de puntos con primer saque y permitiendo en los segundos sets solo un punto de ‘break’.

Salvado, claro, como la mayoría de llamadas de emergencia que recibió el italiano, como esas dos pelotas de rotura que llegaron con 4-3 en contra en el tercero, cuando la pista central se creyó que otra remontada inverosímil era posible.

Sinner, con nervio en su raqueta, salvó el 15-40 con un segundo saque a la línea y el segundo lo entregó Alcaraz con un mal golpe. Cuando más miedo tuvo Sinner, cuando más hacía faltaba ponerle presión, el murciano no pudo. Hoy no era el día, hoy era el día de Sinner.

Es el primer italiano en ganar Wimbledon, el primero en derrocar a Alcaraz en una final de Grand Slam y el mejor del momento, en hierba, la última superficie que le quedaba por domar. Ya tiene cuatro Grand Slams y ha ganado en Australia, Nueva York y Londres. Solo le falta Roland Garros, donde estuvo a un punto de coronarse.

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