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Derechos y educación inclusiva. Por Jessica Durán, académica Carrera de Pedagogía en Educación Diferencial UDLA Sede Viña del Mar

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

En Chile, hablar de inclusión educativa es dialogar de justicia social y de equidad. La escuela debe ser un espacio donde cada niño y niña encuentre oportunidades reales para aprender y desarrollarse, reconociendo que la diversidad es parte esencial de la vida en comunidad.

La Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por nuestro país, establece que todos tienen derecho a una educación que favorezca el respeto por las diferencias y la participación plena en la sociedad. Este principio no es solo una aspiración, es un compromiso que nos invita a fortalecer una cultura escolar basada en la dignidad y la tolerancia.

En este proceso, el rol de los equipos resulta fundamental. Docentes, asistentes y directivos son quienes, con su vocación y creatividad, hacen posible que las aulas se conviertan en espacios de aprendizaje inclusivo. Junto a ellos, las familias son actores clave, al acompañar y apoyar a sus hijos e hijas, contribuyen a que la escuela sea un lugar donde la colaboración y la confianza permitan derribar barreras.

Los valores como la empatía, la cooperación y el reconocimiento de las diferencias se construyen en la interacción diaria entre el colegio y el hogar. Cuando se trabaja de manera conjunta, se potencia el desarrollo integral de cada estudiante y se fortalecen los lazos comunitarios.

Una escuela inclusiva no depende solo de políticas, sino del compromiso de todos: familias, equipos de trabajo y comunidad. Es allí donde cada niño y niña no solo accede al derecho a educarse, sino que aprende, desde la convivencia, que todos tenemos un lugar irrenunciable en la sociedad.

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