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De Juan Fernández a la Casa de Bello, “Nada es imposible”: la historia de Daniella, la profesora que cruzó el mar para matricular a sus dos hijos en la U. de Chile

La estatal dio a conocer las acciones concretas con las que se ha hecho cargo de las percepciones del impacto de sus operaciones, la manera en la que ha apoyado el desarrollo local y cómo ha promovido un relacionamiento territorial transparente y cercano, con una inversión total superior a los $470 millones.

Desde el Archipiélago de Juan Fernández, Daniella Brito llegó hasta el Complejo Universitario VM20 para asegurar que sus dos hijos inicien su camino en la Universidad de Chile este 2026. Un viaje marcado por coincidencias, esfuerzo y mucho orgullo de una madre y profesora rural que hace todo para acompañar los sueños de Fernando y Alexandra —su hijo biológico e hija de corazón—, quienes ya son parte de la generación mechona 2026 de la Casa de Bello.

Si bien Alexandra no es su hija biológica, para la profesora Daniella Brito ella “es una hija más, no hay diferencia» y que sus dos hijos hayan ingresado a la Universidad de Chile es un orgullo porque «para mí es la mejor del país».

Daniella aconseja a otras familias que pueden estar viviendo procesos similares, que “no le tengan miedo al cambio. Que se puede y que los cabros pueden. Confiar en sus hijos. Que todo es posible, que nada es imposible, y que el mundo los niños se lo tienen que comer a mascadas».
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La generación mechona tendrá dos representantes del Archipiélago de Juan Fernández este 2026. Se trata de los hijos de Daniella Brito, profesora rural de la Isla, quien llegó hasta el Complejo Universitario VM20, este 22 de enero, a terminar los trámites para matricular a sus hijos: Fernando González en Ingeniería Forestal y Alexandra López en Administración Pública. La no otorgación de Gratuidad a Alexandra —de quien Daniella es tutora legal— complicó el panorama, pero gracias a una visita médica al continente previamente programada, la madre pudo acercarse a la Universidad de Chile y asegurarse personalmente de que sus dos hijos comiencen sus estudios en marzo.

Daniela Brito Escamilla es profesora básica rural de la Universidad de Playa Ancha y hace cuatro años decidió irse a trabajar a Juan Fernández, un sueño que tenía pendiente desde que salió de la universidad. En ese tiempo postuló, pero tuvo a su hijo Fernando en el último año de la carrera y debido a su crisis de asma, decidió desistir de irse a la Isla. “Cuento corto, hace cuatro años vi un concurso, y yo le digo a mi esposo, hay un cupo para Juan Fernández, y me dice, ya poh”. Su hijo Fernando se quedó interno en un colegio técnico de la quinta región, ella se fue con su hija menor y Alexandra a Juan Fernández. Su marido las siguió al año siguiente. “Ahora estamos todos juntos y los niños a la Chile”, exclama entusiasmada.

Si bien Alexandra no es su hija biológica, para Daniella “es una hija más, no hay diferencia, es como trato a la más chica, si tengo que retarla la reto, si tengo que felicitarla la felicito”. La conoció hace unos cinco años como polola de su hijo Fernando, con quien dice, tiene una relación muy cercana. “Yo siempre me entero de todo y me pidió ayuda. Me contó el drama de la Ale (…) Me asesoré, por acá, por allá y me la llevé”. Se convirtió en su tutora legal “y cuando nos tuvimos que ir a Juan Fernández le digo, hija, nos vamos. Yo de hecho pregunté, avisé a todas las entidades que correspondían para salvaguardarme y ningún problema. Así que de ahí que está conmigo (…) nosotros somos todo lo que ella tiene en la vida”.

En este contexto, que sus dos hijos ahora sean estudiantes de la Universidad de Chile, para Daniella es un orgullo. “Para mí son los dos hijos, no hay diferencia, y que los dos hayan entrado a la Chile para mí es demasiado el orgullo, en verdad, porque insisto, para mí es la mejor universidad del país”. Cuenta que Fernando desde segundo medio estudió la especialidad de técnico agrónomo en el colegio y por eso su primera opción era Agronomía, pero quedó en lista de espera y se matriculó en Ingeniería Forestal. De todas formas “está contento (…) vamos a ver si se cambia, pero yo creo que no, como nos explicaron ahora, llegan y tienen una salida a terreno, entonces ahí se va a enamorar al tiro de la carrera (…) Yo siempre le digo, si las cosas pasan por algo es, algo tienes que aprender”.

En el caso de Alexandra, en tanto, ella estuvo perdida entre varias opciones de carrera por un buen tiempo, hasta que llegó a Administración Pública. “Se enamoró de la carrera (…) el mundo le cambió”, señala su mamá de corazón. Con un promedio de notas de enseñanza media de 6,9 y buenos puntajes, Alexandra logró entrar a Administración Pública en la Universidad de Chile, pero no esperaban que no le dieran la gratuidad. Eso complicó el trámite porque debía firmar un mandato único ante notario y en Juan Fernández no hay notaría. Además, viajar o enviar cualquier cosa al continente es complejo, considerando que hay dos o tres vuelos semanales en avionetas con cupos limitados para siete personas y siempre dependiendo del clima.

Los llamados iban y venían entre la Universidad, Alexandra y distintas personas de la Isla para solucionar el tema. En ese momento Daniella agradeció estar en el continente por un asunto médico y decidió visitar ella misma la Universidad para asegurarse de que todo anduviera bien y así fue. En el Complejo Universitario VM20 la orientaron en distintos aspectos y “quedé súper tranquila”, por la amabilidad de todas las personas que la ayudaron y también, sobre todo porque en Forestal fueron “un amor, muy empáticos, muy familia, se sintió”, puntualiza.

Ya matriculados en la Universidad de Chile, Fernando llega al continente desde Juan Fernández el 1 de febrero y Alexandra el 13 del mismo mes porque fueron las fechas en que consiguieron un cupo para viajar. Se quedan en Los Andes primero, de donde son originalmente y donde también vive la madrina de Fernando. “Va a ser difícil para mí soltarlos, de hecho yo en un momento pensé venir, pero me pesó la chica también”, reflexiona Daniella, quien está enamorada de Juan Fernández y su tranquilidad, pero que tampoco descarta trasladarse a otro rincón de Chile en el futuro “porque me llama la atención Pascua, me llama la atención Aysén. Siento que uno puede hacer un aporte a la comunidad”.

“Son buenos cabros los dos, son muy buenos, de hecho en la Isla los quieren caleta”, relata orgullosa la profesora sobre sus hijos. “Para mí el tema de que estén acá en la Universidad de Chile es súper importante”, agrega y señala que espera que la Universidad le entregue a sus hijos las herramientas y fortalezas “para adaptarse a la selva del mundo laboral”, pero que también “se sientan cómodos, escuchados, acogidos; eso para mí es súper importante y creo que así va a ser”.

Daniella se define como una mamá con errores, “pero que siempre estoy. Siempre estoy, no hay opción de no estar. Yo creo que es eso, es estar. En lo que sea, buenas y malas”. Como mensaje a otros padres, madres o personas cuidadoras que están acompañando a jóvenes en su proceso de ingreso a la educación superior y que quizás también se tendrán que trasladar a otra región, aconseja que “no le tengan miedo al cambio. Que se puede y que los cabros pueden. Confiar en sus hijos. Que todo es posible, que nada es imposible, y que el mundo los niños se lo tienen que comer a mascadas. Así es. Yo siempre le he dicho a los míos, su límite es el universo, ese es su límite. Y al mundo tienen que comérselo, no le pueden tener miedo. Así que, lo que ellos quieran pueden”.

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