Es necesario tomar en cuenta el lugar a donde se viaja, por cuanto tiempo, también llevar medicamentos para personas cona algún tratamiento ye vitar automedicarse.
Las vacaciones implican traslados, actividades al aire libre y cambios
en la rutina diaria. En ese contexto, contar con un botiquín de viaje bien preparado es una medida básica de autocuidado y prevención, especialmente cuando se viaja con niños, personas mayores o se realizan actividades recreativas fuera del hogar.
De acuerdo con lo indicado por Michel Garat, director de la carrera de Enfermería Campus República de la Universidad Andrés Bello explica que “un botiquín de viaje debe ajustarse al tipo de destino, la duración del traslado y las características de quienes lo utilizan. En relación con medicamentos, hay que llevar solo fármacos previamente indicados por un médico, conocidos por la persona, con dosis definidas y sin improvisaciones. Esto incluye, por ejemplo, tratamientos habituales y medicamentos “de rescate” que ya hayan sido prescritos según antecedentes como alergias, asma, migraña u otras condiciones”.
General y primordial
Cómo parte de la recomendación y los necesario para llevar, se sugiere incorporar insumos generales de primeros auxilios, tal como termómetro, alcohol gel, guantes desechables, gasas estériles, vendas, apósitos adhesivos, suero fisiológico, tijeras pequeñas, pinzas, protector solar y repelente de insectos. “En viajes a zonas rurales o alejadas de centros de salud, estos elementos permiten resolver situaciones menores mientras se accede a atención”, explica el académico.
Tan importante como llevar estos elementos es saber utilizarlos correctamente. Los medicamentos deben mantenerse en su envase original, respetando dosis, horarios y fechas de vencimiento, idealmente con la indicación médica disponible ya sea en una receta, fotografía o listado. No se deben compartir fármacos ni ajustar dosis “por experiencia previa”. En el caso de heridas menores, la limpieza con agua o suero fisiológico y una cobertura adecuada suelen ser suficientes, evitando el uso innecesario de antibióticos.
“La automedicación es uno de los principales riesgos durante las vacaciones. Fiebre persistente, dolor intenso o prolongado, vómitos reiterados, diarrea con signos de deshidratación, reacciones alérgicas importantes o cualquier síntoma neurológico son señales de alerta que requieren evaluación por un profesional de la salud. Automedicarse puede ocultar cuadros más graves y retrasar un tratamiento oportuno”, explica el docente.
Las personas con enfermedades crónicas deben portar siempre sus medicamentos habituales en cantidad suficiente para todo el periodo de viaje, junto con su indicación médica actualizada. “La prevención, el uso responsable de fármacos y la consulta oportuna siguen siendo claves para disfrutar un descanso seguro”, concluye.