Buscar

Desconexión digital en verano: ¿moda o necesidad de salud mental?. Por Dr. Miguel Ángel Montes Ramírez, miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo (SOCHMET).

La estatal dio a conocer las acciones concretas con las que se ha hecho cargo de las percepciones del impacto de sus operaciones, la manera en la que ha apoyado el desarrollo local y cómo ha promovido un relacionamiento territorial transparente y cercano, con una inversión total superior a los $470 millones.

En tiempos de hiperconectividad permanente, hablar de desconexión digital podría sonar a tendencia pasajera del bienestar. Sin embargo, desde la medicina del trabajo, estamos frente a una necesidad real de salud mental y a un derecho laboral reconocido en Chile.

La desconexión digital no es un lujo ni un capricho generacional. Es una condición básica para el descanso y el libre desarrollo de la vida personal de todo trabajador. Nuestro país dio un paso relevante con la promulgación de la Ley 21.220 en 2020, que regula el trabajo a distancia y establece explícitamente el derecho a la desconexión. La norma señala que el tiempo de desconexión debe ser de, al menos, doce horas continuas en un período de veinticuatro horas, y que el empleador no puede establecer comunicaciones ni formular requerimientos en días de descanso, permisos o feriado anual.

Este marco legal cobra especial relevancia en verano, cuando muchas personas toman vacaciones pero siguen respondiendo correos, mensajes o llamadas laborales. La tecnología ha diluido la frontera entre trabajo y descanso. El problema es que nuestro cerebro no distingue entre una notificación “breve” y una exigencia laboral más: cada alerta mantiene activados los sistemas de vigilancia y estrés.

La exposición prolongada a pantallas, notificaciones y estímulos digitales altera funciones básicas del organismo. El cerebro permanece en un estado de alerta constante, lo que favorece el agotamiento mental. Además, la sobreestimulación puede generar conductas de dependencia. Cada interacción digital activa circuitos de recompensa asociados a la dopamina, neurotransmisor vinculado al placer, lo que refuerza la búsqueda compulsiva de nuevas notificaciones o contenidos.

Cuando en vacaciones reducimos estos estímulos, incluso por pocos días, se producen cambios positivos. La desconexión digital —entendida como espacios libres de pantallas— contribuye a disminuir el estrés, mejorar la concentración y favorecer un descanso efectivo. También fortalece las relaciones interpersonales y promueve beneficios físicos concretos, como menor fatiga visual por exposición a luz azul y mejor postura corporal al reducir el tiempo frente a dispositivos.

El uso prolongado de pantallas disminuye la producción de melatonina, hormona clave para conciliar y mantener el descanso nocturno. Esto se traduce en sueño poco reparador, cefaleas y problemas de concentración. Asimismo, se asocia a mayor ansiedad e irritabilidad, afectando la regulación emocional.

En verano, más que nunca, es fundamental respetar y hacer respetar el derecho a la desconexión. No se trata de demonizar la tecnología, sino de utilizarla con límites claros. La protección de la salud mental de los trabajadores exige organizaciones responsables y personas conscientes de que el descanso no es improductivo: es una inversión en bienestar, seguridad y desempeño sostenible.

noticias relacionadas

Minería sostenible y el rol estratégico de la comunicación. Por Rodrigo Amaral, Gerente de Marketing y Comunicaciones Arcadis Latam

Más allá del plástico: el desafío real de la nueva ley. Por Vanja Isamat, Subgerente Salud, Seguridad, Medio Ambiente y Calidad (SSOMAC) de Ecológica.

Chile envejece: ¿Alzheimer inevitable o señal para actuar?. Por Carmen Lamilla Almuna, directora de Trabajo Social UNAB.

Incendios forestales y el humo que se queda en nosotros. Por Esteban López Director de Departamento de Morfología y Función Universidad de Las Américas