Estudios de ligas, reguladores y organismos especializados muestran que apostar no crea audiencia desde cero, pero sí aumenta el tiempo de atención, el seguimiento de partidos y el valor económico del fútbol.
Las apuestas deportivas online se han convertido en una de las fuerzas que están transformando el consumo global del fútbol. Aunque la evidencia internacional no demuestra que legalizar el betting aumente automáticamente la audiencia total de las ligas, distintos estudios y reportes institucionales coinciden en un efecto claro: quienes apuestan siguen más partidos, permanecen más tiempo frente a las transmisiones y participan con mayor intensidad en el ecosistema digital del deporte.
Uno de los antecedentes más citados proviene de Estados Unidos. El informe “State of the States” de la American Gaming Association (AGA) señala que el 92% de los apostadores declara que es más probable que vea un partido cuando ha realizado una apuesta. Este resultado ha sido interpretado por analistas del sector como una señal de que el betting incrementa el nivel de atención del público sobre los eventos deportivos, aumentando el tiempo de seguimiento y la frecuencia con que los aficionados consumen partidos.
El cambio se aceleró tras el fallo Murphy v. NCAA de la Corte Suprema de Estados Unidos en 2018, que permitió a los estados autorizar apuestas deportivas. Desde entonces, el mercado legal se expandió rápidamente y las grandes ligas comenzaron a integrarlo a su estrategia comercial. La NFL, por ejemplo, firmó acuerdos con operadores como Caesars, DraftKings y FanDuel, señalando que estas alianzas permitirían ofrecer a los fanáticos “formas nuevas y distintas de interactuar y relacionarse con el deporte que aman”, incorporando datos oficiales, estadísticas en tiempo real y nuevas experiencias durante las transmisiones.
En Europa, donde el mercado de apuestas deportivas se desarrolló antes, el vínculo entre fútbol y betting se volvió parte estructural del negocio deportivo. Un estudio publicado en Harm Reduction Journal por Djohari y colaboradores (2019) concluye que “la publicidad de apuestas se ha convertido en una característica habitual de las transmisiones deportivas”, reflejando la presencia permanente de operadores de apuestas en transmisiones televisivas, camisetas de clubes y señalética en estadios.
Las cifras del fútbol inglés ilustran la escala del fenómeno. Según el reporte 2024-2025 de la Premier League, la competición alcanzó 1.450 millones de espectadores globales en transmisiones en vivo, con 40.459 asistentes promedio por partido y 98,8% de ocupación de estadios. Si bien estos resultados responden a múltiples factores —como la calidad competitiva o la distribución internacional de derechos televisivos—, el betting se ha consolidado como una de las herramientas más visibles para activar audiencias y generar ingresos comerciales adicionales en torno al fútbol.
La experiencia internacional también muestra que el diseño regulatorio es clave para el funcionamiento del mercado. Diversos especialistas han advertido que estructuras tributarias excesivamente altas pueden desalentar la canalización hacia plataformas reguladas, empujando a los usuarios hacia operadores informales o fuera de supervisión estatal. En cambio, marcos regulatorios equilibrados buscan incentivar que las plataformas operen dentro del sistema legal, lo que permite maximizar la recaudación fiscal, mejorar la fiscalización del sector y contar con herramientas más eficaces para promover el juego responsable y proteger a los usuarios.
En el caso de Chile, distintos especialistas y actores de la industria han planteado que un esquema tributario competitivo podría ser determinante para el éxito del mercado regulado. En ese contexto, se ha señalado que una tasa impositiva en torno al 12% permitiría incentivar la participación en plataformas autorizadas, reducir el espacio para la informalidad y asegurar una recaudación sostenible para el Estado, alineando los incentivos del sistema con estándares internacionales de regulación eficiente.