Victoria Jolly aborda cómo la materia descartada puede reingresar al ciclo constructivo como nueva condición mineral.
Desde el 7 de marzo del presente año, en la Sala Laboratorio del Parque Cultural de Valparaíso – Ex Cárcel (PCdV – Ex Cárcel) se presenta la instalación ‘Escoria: Topografías del descarte’ una instalación inmersiva en la que Victoria Jolly examina la transformación del residuo industrial en cuerpo material, paisaje condensado y dispositivo crítico del territorio. Curada por Francisca García, la muestra es posible gracias al financiamiento del Fondo de Línea Creación Artística en Modalidad Artes Visuales 2024, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. La exposición, apta para todas las edades y de entrada liberada, estará abierta al público hasta el domingo 12 de abril.
El proyecto toma como punto de partida la escoria de cobre, subproducto de la fundición minera, para reflexionar sobre ecologías materiales y paisajes postextractivos. Con piezas de hormigón que sustituyen áridos naturales por escoria, la exposición investiga cómo la materia descartada puede reingresar al ciclo constructivo como nueva condición mineral. En este desplazamiento, el residuo se transforma, altera su estado y ensaya nuevas potencialidades constructivas.
Concebida como un recorrido inmersivo, la instalación reúne piezas de hormigón, textiles teñidos y poemas inscritos en cobre junto con una muestra de los materiales empleados en el proceso. Los elementos organizan el espacio haciendo visible la relación entre experimentación material y reflexión territorial. Lo que permite reconocer componentes, transformaciones y vínculos, estableciendo un diálogo entre materia, estructura y escritura.
En Chile, por cada tonelada de cobre producido se generan aproximadamente tres toneladas de escoria, formando verdaderas montañas de descarte mineral. Frente a ese escenario, la investigación propone mirar este residuo como un posible material, preguntándose si aquello que hoy entendemos como descarte podría transformarse en una nueva superficie de experimentación material.
En palabras de Victoria Jolly, la motivación de este trabajo “surge de una experiencia en 2017 producto de un viaje entre el Salar de Atacama y los pueblos del desierto. Al borde del camino aparecieron enormes montañas blancas, como si fuesen mesetas artificiales formadas por el descarte de la extracción del litio.
Este encuentro provocó un gesto casi instintivo: acercarme a esa masa mineral y dejar una pequeña marca sobre ella. Una acción breve, pero que instaló una pregunta ¿cómo pensar la habitabilidad de estas topografías del descarte? Años después, esa pregunta reapareció en el escorial de la fundición de Codelco Ventanas, en Ritoque. La escoria comenzó a aparecer entonces como materia compleja y liminal, situada entre mineral natural y residuo industrial, que conserva la huella del fuego extractivo y la latencia mineral de la tierra”.
Entre las obras destaca ‘Cuenco mineral’, estructura cóncava que incorpora escoria en su masa y evidencia la memoria térmica del proceso extractivo. La pieza opera como forma contenida y gesto preciso. Una concavidad que alberga agua y peso, donde el subsuelo industrial se manifiesta como presencia latente. Más que un objeto autónomo, el cuenco funciona como articulación entre extracción, transformación y permanencia.
Valentina Gallardo, directora ejecutiva (i) del PCdV – Ex Cárcel comenta que “esta instalación es una propuesta artística que invita a la reflexión medioambiental ya que abre las posibilidades que se le puede dar a un residuo específico como la escoria de cobre. El arte y la experimentación material se entrelazan para explorar la relación entre territorio y la memoria de la localidad de Ventanas. Por lo que también es una mirada a la historia de esa ciudad”.
La trayectoria de Victoria Jolly articula investigación y experimentación material en su práctica artística y escritura. Formada en arquitectura, su trabajo inicial se centró en el estudio del hormigón y en la exploración de sus condiciones físicas y expresivas, para luego desplazarse hacia una indagación crítica del territorio extractivo. Paralelamente, ha desarrollado acciones performativas en paisajes industriales, intervenciones situadas en zonas de sacrificio y una producción poética que acompaña y expande su investigación. En su obra, el cuerpo, la materia y el lenguaje operan como registros complementarios de una misma pregunta: cómo habitar críticamente un territorio intervenido.