En Chile, cada vez que sube la bencina, la discusión pública se llena de cifras, del impacto en el transporte y del efecto en la economía. Pero hay una realidad que sigue quedando fuera del debate: la de las personas cuidadoras. Aquellas que sostienen, muchas veces en soledad, la vida cotidiana de personas en situación de discapacidad.
El problema es que el alza del combustible no ocurre de manera aislada. Se suma a un aumento sostenido del costo de la vida: alimentos, medicamentos, servicios básicos y transporte. Para las familias cuidadoras, este escenario aprieta el presupuesto y tensiona directamente la posibilidad de cuidar.
El combustible, en este contexto, no es un gasto opcional. Es lo que permite llegar a una sesión de rehabilitación, a un control en el hospital o a un tratamiento impostergable. En regiones, donde las distancias son mayores y el transporte público muchas veces es insuficiente o inaccesible, esta dependencia es aún más crítica.
Cuando suben la bencina y los precios en general, las personas cuidadoras enfrentan decisiones imposibles: reducir gastos en alimentación, postergar compras esenciales o limitar traslados que son clave para la salud. No se trata de ajustar hábitos, sino de sostener lo básico en condiciones cada vez más adversas.
En este contexto, se vuelve urgente avanzar en medidas de apoyo directo. No basta con observar el comportamiento de los precios: es necesario implementar subsidios focalizados para personas cuidadoras que reconozcan el costo real del cuidado. Apoyos al transporte, transferencias económicas y acceso preferente a servicios cercanos pueden marcar una diferencia concreta en la vida diaria de miles de familias.
Esta situación se agrava si consideramos que en Chile el cuidado sigue recayendo principalmente en los hogares, especialmente en mujeres, y con escaso apoyo estructural. En medio del alza del costo de la vida, esta realidad se vuelve aún más insostenible.
Por eso, el desafío no es solo contener precios, sino hacerse cargo de sus efectos. Se requiere una respuesta que ponga al centro a quienes cuidan, con políticas públicas que alivien su carga y garanticen condiciones dignas para ejercer esta labor.
Porque en Chile, cuidar también implica el traslado, la alimentación, los medicamentos y mucho más. Y se tiene que seguir cuidando, aunque todo se vuelva más caro.