Soledad Correa, fonoaudióloga de la UV, advirtió de los efectos de este fenómeno durante una actividad destinada a conmemorar el Día Mundial de la Voz. «Para que cumpla su función comunicativa en diversos contextos, la voz debe mantener su fuerza, resistencia y flexibilidad muscular, ya que se si no se ejercita se debilita», dijo.
Cada vez son más las líneas de investigación que cuestionan si la forma en que las personas emplean su voz en la vida es compatible con el diseño anatómico y fisiológico de la laringe. Algunos estudios sugieren, de hecho, que los patrones de habla actuales —caracterizados por tonos más graves, baja intensidad vocal y un uso limitado del rango vocal— contribuyen a restringir el movimiento natural de las cuerdas vocales y causar la atrofia de los músculos laríngeos, lo que resulta en una voz más débil o apagada, con falta de brillo y potencia.
Para la fonoaudióloga Soledad Correa Forno, docente y coordinadora del Departamento de Voz de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad de Valparaíso, este fenómeno está estrechamente vinculado a la manera en la que hoy en día la gente prefiere comunicarse y socializar.
«Ahora, por ejemplo, se habla mucho menos por teléfono y se privilegia la mensajería escrita por chats o los audios breves, lo que reduce la duración y variabilidad del uso vocal. También han disminuido muchas prácticas públicas que antes implicaban un uso más amplio y permanente de la voz, como jugar al aire libre, pedir indicaciones en la calle, saludar a los vecinos, sostener conversaciones espontáneas con amigos o compañeros del trabajo o simplemente gritar para ubicar a alguien en el entorno, que poco a poco han sido reemplazadas por hábitos digitales y, por ende, una menor interacción social. Es decir, cada vez más personas dejan de interactuar con otras al escoger pasar el tiempo a solas y frente a una pantalla. Esto reduce las situaciones donde se suele utilizar la voz con mayor intensidad o a larga distancia», explicó.
La académica, quien es magíster en Disturbios da la Comunicación Humana y especialista en manejo de la voz, se refirió al tema durante el desarrollo de una actividad destinada a promover el autocuidado y el mantenimiento de la salud vocal entre estudiantes y docentes, que la Escuela de Fonoaudiología de la UV realizó en su sede del Campus Reñaca para conmemorar un nuevo aniversario del Día Mundial de la Voz.
La iniciativa incluyó la entrega de material educativo, folletos con información general y la realización de juegos destinados a difundir contenidos sobre algunos hábitos y patologías que la afectan o dañan.
Hay que ejercitarla
En ese contexto, la profesora Soledad Correa comentó que es importante comprender que la voz no solo es un instrumento de comunicación y una herramienta de trabajo para miles de personas a nivel global, sino también una función biológica que depende directamente de la actividad muscular.
Por tal motivo, y al igual que como ocurre con los músculos que no se ejercitan con sistematicidad, la especialista sostuvo que la voz también se pude atrofiar. «Para que cumpla su función comunicativa en diversos contextos, la voz debe mantener su fuerza, resistencia y flexibilidad muscular, la que si no se ejercita se debilita», puntualizó.
Al respecto, argumentó que las cuerdas vocales están formadas, entre otros componentes, por el músculo tiroaritenoideo, cuya función es esencial para la producción de la voz, y señaló que cada vez hay más evidencia que demuestra que las fibras musculares vocales pueden disminuir su tamaño y cantidad con el tiempo, evidenciando procesos de atrofia muscular que impactan directamente en el rendimiento vocal.
Asimismo, advirtió que las investigaciones en este campo muestran que no solo ese músculo se ve afectado, sino también la estructura de la lámina propia de las cuerdas vocales, donde se producen cambios como la disminución de fibras elásticas y de ácido hialurónico, junto con un aumento de colágeno. Estas modificaciones, enfatizó, alteran la vibración normal de las cuerdas vocales y, por tanto, la calidad de la voz.
«Desde el punto de vista funcional, la atrofia de las cuerdas vocales se traduce en una voz más débil y de menor intensidad. A veces, incluso, ocurre un cierre incompleto durante la fonación. Este fenómeno se relaciona con un principio ampliamente conocido en fisiología: la pérdida de masa y fuerza muscular asociada al desuso, similar a lo que ocurre con otros músculos del cuerpo», precisó.
Entrenamiento
Como resultado de ello, la fonoaudióloga de la Universidad de Valparaíso indicó que la voz tiende sufrir una pérdida de tono y potencia, ya que las personas que hablan muy poco o en un nivel bajo ven afectada la capacidad de proyectar la voz y tienden a padecer cansancio o fatiga vocal cuando deben sostener una conversación larga, hablar en público o incluso cantar.
Frente a este escenario, la profesional planteó que hoy cobra relevancia la idea de que la voz necesita ser ejercitada más allá del habla habitual, lo cual se puede trabajar con ejercicios para mejorar la fuerza y la resonancia, ya que así como el cuerpo requiere movimiento para mantenerse saludable, la voz también necesita entrenamiento y flexibilidad en el uso de tonos y sonoridades.
En línea con lo anterior, Soledad Correa aclaró que actividades como el canto, la lectura en voz alta o ejercicios vocales específicos permiten activar la musculatura laríngea en distintos rangos y contribuir a su buen funcionamiento.
«En una sociedad donde la comunicación escrita digital ha reemplazado muchas interacciones orales, el llamado es claro: nuestra voz necesita ser utilizada para mantenerse funcional. Porque, al igual que cualquier músculo, la voz se fortalece con el uso y se debilita cuando deja de utilizarse», concluyó la docente de la Escuela de Fonoaudiología de la UV.