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Diseño inclusivo en la PUCV: proyecto interdisciplinario mejora la vida académica de estudiante con artrogriposis

La iniciativa -impulsada por la Dirección de Inclusión y la Escuela de Arquitectura y Diseño- refuerza el compromiso institucional con la equidad y la accesibilidad en la educación superior.

La inclusión efectiva en la educación superior no solo se traduce en el acceso a la infraestructura, sino en la capacidad de las instituciones para adaptarse a las particularidades de cada estudiante. En este contexto, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso ha marcado un hito en su gestión institucional al materializar una solución técnica y humana para Andy Rengifo, estudiante de Ingeniería Civil en Ciencia de Datos y quien tiene la condición de artrogriposis múltiple congénita.

La artrogriposis es una condición que se manifiesta a través de contracturas en diversas articulaciones del cuerpo, afectando comúnmente la movilidad y funcionalidad de extremidades superiores e inferiores. En el caso de Andy, esta condición le impedía utilizar el mobiliario universitario estándar, ya que su técnica de escritura requiere apoyar el brazo directamente sobre su pierna, una postura incompatible con la altura y rigidez de las mesas convencionales.

«Antes me costaba mucho escribir, porque las mesas eran muy altas para mí. Yo apoyo el brazo en la pierna, entonces se me hacía difícil desenvolverme bien y no podía trabajar cómodo», relató el estudiante. Esta dificultad, detectada al inicio del semestre, comenzó a generar barreras críticas en su rendimiento académico. Ante este escenario, la Dirección de Inclusión, perteneciente a la Vicerrectoría Académica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, a través del programa PUCV Inclusiva, activó un protocolo de respuesta interdisciplinaria para garantizar el derecho a la educación del estudiante.

La solución no llegó desde un catálogo externo, sino desde el corazón creativo de la propia Universidad. Bastián Urrutia, psicólogo educacional del programa, explicó que tras probar alternativas de mercado que no fueron efectivas, se decidió articular un trabajo con la Facultad de Arquitectura y Diseño. «Este proyecto es un ejemplo del tipo de universidad que queremos construir: una donde el acceso universal depende de nuestra capacidad institucional para adaptarnos», señaló Urrutia.

El encargado de transformar esta necesidad en un objeto tangible fue David Silva, diseñador de objetos egresado de la PUCV y actualmente vinculado al área de posgrado de la Escuela de Arquitectura y Diseño. Silva diseñó un dispositivo ergonómico, plegable y transportable, fabricado mediante impresión 3D y recursos locales de Valparaíso. El soporte se ajusta a la silla de ruedas de Andy, entregándole la estabilidad necesaria para escribir con comodidad tanto en el aula como en espacios públicos.

Para el diseñador el desafío fue técnico, pero también ético. «Implicó resolver en poco tiempo una situación real con impacto directo en la vida de una persona. La formación en la PUCV fue clave; la experiencia de leer rápidamente el contexto y articular soluciones con recursos disponibles fue fundamental para desarrollar este proyecto de manera pertinente», destacó Silva sobre el proceso de creación del prototipo.

POLÍTICA DE INCLUSIÓN DE LA PUCV

Este esfuerzo se alinea directamente con la Política de Diversidad e Inclusión de la PUCV, la cual establece que la institución debe promover una cultura colaborativa que elimine las barreras de aprendizaje y participación. El documento institucional enfatiza la importancia de los ajustes razonables y la accesibilidad universal como pilares para una formación equitativa y de calidad.

El impacto en la vida diaria de Andy Rengifo ha sido inmediato. La nueva superficie no solo le permite tomar apuntes con fluidez, sino que le ha devuelto una libertad que trasciende la sala de clases. «Hoy tengo una mesa que realmente se adapta a mí; es transportable y la puedo llevar donde quiera. Si quiero ir a la plaza a estudiar, puedo hacerlo sin problema», comentó el estudiante, quien destacó además el apoyo fundamental de su hermano en su tránsito universitario.

Vanessa Vega, directora de Inclusión de la PUCV, subrayó que este caso pone en valor los saberes internos de la casa de estudios. «Este proceso no solo permitió responder a una necesidad puntual, sino que también evidenció la importancia del trabajo interdisciplinario. Nuestra proyección es avanzar hacia un trabajo de largo plazo con distintas facultades para abordar desafíos de mobiliario y adecuaciones espaciales», afirmó la directora.

El trabajo conjunto también involucró a la Escuela de Arquitectura y Diseño, cuyo director, David Luza, subrayó que este tipo de proyectos forman parte del sello formativo de la unidad académica. «Aquí se trata de responder a problemáticas reales, entendiendo que el diseño debe estar al servicio de las personas y de sus diversas necesidades», afirmó.

El testimonio de Andy Rengifo es el fiel reflejo que no hay límites para lograr los objetivos. «Este trabajo demuestra que sí se puede. Motiva a otros jóvenes con discapacidad a seguir estudiando, porque muchas veces existe la idea de que no van a poder, y no es así. Cuando las universidades entregan este tipo de apoyo, abren oportunidades reales», concluyó el estudiante PUCV.

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