Iniciativa financiada por el Gobierno Regional, con más de $12 millones de inversión, fortalece habilidades y proyecta una futura unidad productiva al interior del centro.
Con el objetivo de ampliar las oportunidades de aprendizaje y desarrollo personal, el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil de Coquimbo inauguró una nueva sala de cocina en el centro de cumplimiento de Internación Provisoria e Internación en Régimen Cerrado (IP-IRC), un espacio que permitirá a jóvenes adquirir herramientas concretas para su proceso de reinserción social.
La inauguración de esta sala de cocina se enmarca en el proyecto “Sabores con Sentido: Una Receta para el Cambio”, financiado por el Fondo Tradicional Público 2025 del Gobierno Regional, Línea Social, con una inversión superior a los 12 millones de pesos. La iniciativa busca no solo entregar conocimientos técnicos, sino también generar experiencias formativas que fortalezcan habilidades personales, sociales y laborales en quienes cumplen sanción en régimen cerrado.
Este nuevo espacio se suma a una serie de mejoras impulsadas durante el proceso de implementación del Servicio en la región, orientadas a optimizar las condiciones de intervención y responder a necesidades detectadas en el trabajo cotidiano con los adolescentes y jóvenes. En este contexto, la sala de cocina se proyecta como una plataforma clave para el desarrollo de talleres formativos, promoviendo el aprendizaje práctico y la construcción de trayectorias de cambio sostenibles en el tiempo.
El gobernador regional de Coquimbo, Cristóbal Juliá, valoró la inversión realizada y su impacto en los procesos de reinserción, señalando que “esto no es solo infraestructura, es una inversión directa en segundas oportunidades. Aquí hay más de $12 millones destinados a que los jóvenes puedan aprender un oficio, adquirir hábitos y proyectarse con herramientas reales para su vida. Sabemos que muchos de ellos no han tenido acceso a estas instancias, por eso estamos poniendo recursos donde sí generan impacto. La cocina les permite desarrollar disciplina, trabajo en equipo y autonomía, pero también algo clave: volver a creer en sí mismos y en que pueden construir un camino distinto, que finalmente es lo que fortalece una reinserción efectiva y aporta a una mayor seguridad para todos».
La directora nacional del Servicio de Reinserción Social Juvenil, Rocío Faúndez, enfatizó la importancia del trabajo articulado para concretar este tipo de iniciativas, señalando que “las personas no vivimos solas ni nos construimos de manera individual, todo ocurre en interacción con otros. Y el Servicio tampoco puede hacerlo solo: se necesita del Gobierno Regional y del conjunto de las instituciones para avanzar en estos procesos”.
Asimismo, relevó el valor formativo del espacio, agregando que “la cocina, además de entregar herramientas para un oficio o una futura unidad productiva, permite algo fundamental: cuidar a otros, sostener la vida cotidiana y proyectar autonomía en el día a día”.
Por su parte, la directora regional, Loreto Rebolledo, destacó el avance sostenido en la mejora de espacios de intervención, indicando que “este es el octavo espacio del centro que hemos recuperado para seguir avanzando en mejores condiciones para la intervención de los jóvenes. Gracias al financiamiento del Gobierno Regional y también a esfuerzos propios, estamos entrando en el tercer año de implementación con el desafío permanente de generar espacios que respondan a las necesidades cotidianas”.
En esa línea, subrayó la proyección del nuevo espacio, señalando que “la cocina se convierte en un espacio clave, porque abre la posibilidad de una futura unidad productiva. Este es solo el punto de partida de un desafío mucho más grande, que requiere del compromiso de todos los equipos y también de los propios jóvenes que participan activamente en estos procesos”.
Finalmente, la directora del centro, Alejandra Labra, relevó el impacto directo en los jóvenes, explicando que “a través del trabajo en la cocina han ido desarrollando no solo habilidades técnicas, sino también aprendizajes más profundos, como la resolución de problemas, habilidades emocionales y el reconocimiento de capacidades que antes no veían en sí mismos”.
Asimismo, agregó que “todo lo que se impulsa en este espacio apunta a que los jóvenes fortalezcan su autoeficacia, su autoestima y comprendan que son capaces de construir un proyecto de vida distinto, con más herramientas y mayores oportunidades”.
La puesta en marcha de esta sala de cocina representa un avance significativo en la generación de oportunidades reales de desarrollo para jóvenes en proceso de reinserción, reafirmando que la inversión en espacios formativos no solo impacta en sus trayectorias de vida, sino que también contribuye directamente a una mayor seguridad y bienestar para la comunidad.