En abril de 2025 Chile dio un paso relevante al avanzar hacia una mirada integrada del consumo de video en todas las plataformas -televisión lineal y streaming- y en todos los dispositivos. Esto, mediante la implementación del sistema de medición cross-media, que permite entender con mayor claridad cómo interactúan las personas con los contenidos y la publicidad en un entorno cada vez más fragmentado, y cómo circulan sin fricción entre pantallas. Así, este cambio permite aproximarse mejor a cómo realmente se construyen hoy las diferentes audiencias.
Más que una lógica de reemplazo, lo que observamos es un ecosistema de complementariedad.
Según consigna Ibope, los datos de este primer período muestran que cerca del 73% de los chilenos consume contenido audiovisual diariamente en el hogar, con un promedio de 6 horas por persona. De ese total, la televisión lineal concentra un 64% del tiempo (48% en televisión abierta y 16% en televisión de pago) , mientras el streaming alcanza un 36%. A su vez, la televisión lineal mantiene una cobertura mensual del 90%, mientras que el streaming aporta alcance incremental (74%).
La principal conclusión no es qué plataforma domina, sino cómo entendemos el consumo. Medir audiencias hoy exige integrar, contextualizar y comparar. Ese giro es también cultural, porque permite superar miradas parciales y tomar decisiones mejores en una industria donde las audiencias no distinguen entre plataformas, sino entre experiencias de contenido.
Este enfoque integrado habilita decisiones basadas en una visión más clara, completa, comparable y consistente del comportamiento de las audiencias en Chile. El desafío está en seguir profundizando esa capacidad, incorporando mayor especificidad y oportunidad en los datos, sin perder los estándares que permiten su comparabilidad.
Al mismo tiempo, esta evolución abre nuevos caminos. La integración de analítica avanzada y nuevas tecnologías permitirá avanzar la transformación desde una lógica descriptiva hacia una más interpretativa, donde no solo se mida el consumo, sino que se comprenda mejor su contexto y dinámica. Esto puede traducirse en herramientas que conecten audiencias, contenidos y resultados de negocio, generando un ecosistema de medios más eficiente y alineado con la realidad del consumo actual. En esa transición, la medición deja de ser un fin en sí mismo y se proyecta como un insumo estratégico para anticipar tendencias y orientar el desarrollo de la industria.