Desde nuevas conexiones, el aumento del flujo sanguíneo y mayor capacidad cognitiva. Son parte de los beneficios al momento de hacer ejercicio. La académica de la Escuela de Terapia Ocupacional Andrea Mira indica que niños y adultos deberían de forma casi obligad hacer ejercicio para facilitar un mayor rendimiento mental.
Nuevas evidencias confirman que la actividad física no es un accesorio de la educación, sino el motor biológico que permite procesar información, regular el estrés y mejorar la atención en el aula.
El sedentarismo en las aulas tiene un costo invisible pero alto, y es el apagado progresivo de la atención. Frente a este desafío, expertos en el área de desarrollo y aprendizaje instan a las instituciones a romper con la rigidez del estar sentados en los escritorios y entender que un cuerpo que se mueve es un cerebro que aprende.
El efecto de moverse
Andrea Mira, académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, explica lo que ocurre cuando un niño o niña realiza actividad física, su cuerpo se convierte en una central eléctrica. «El ejercicio aumenta el flujo sanguíneo hacia el cerebro, pero lo más relevante ocurre a nivel químico: la liberación del BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), una proteína que actúa como «fertilizante» para las neuronas, facilitando la creación de nuevas conexiones», explica la docente.
La especialista también agrega que «no podemos pretender que un cerebro procese conceptos abstractos si el cuerpo lleva horas en estado de reposo absoluto. El movimiento es el interruptor que activa las funciones ejecutivas: memoria, planificación y toma de decisiones», explica.
Regulación y bienestar
La incorporación de la actividad física en la jornada escolar ya sea mediante clases de educación física, pausas activas o aprendizaje kinestésica, ofrece beneficios que van mucho más allá de las notas:
La académica explica que afecta en:
· Regulación emocional: El ejercicio es el modulador natural del cortisol (la hormona del estrés). Un niño que corre o se estira después de una tarea compleja logra «reiniciar» su sistema nervioso, volviendo a un estado de calma y receptividad.
· Gestión de la energía: Lejos de cansar a los estudiantes, el movimiento dirigido ayuda a regular los niveles de actividad. Esto es especialmente crítico para niños con alta energía, quienes encuentran en el movimiento una vía productiva para canalizar su impulsividad.
· Focalización aguda: Estudios demuestran que, tras solo 10 minutos de actividad física aeróbica, la capacidad de concentración en tareas de lectura y matemáticas aumenta significativamente durante la hora siguiente.
Hacia un modelo de «Aulas Activas»
La actividad física debe dejar de ser exclusiva de la clase de educación física para permear todo el currículo, plantea Andrea Mira. «Aprender las tablas de multiplicar saltando, o gramática mediante desplazamientos en el espacio, no solo hace que la clase sea más atractiva, sino que garantiza que la información se «ancle» en la memoria a largo plazo a través del cuerpo», explica.
«El movimiento no es una interrupción del estudio; es la condición necesaria para que el aprendizaje ocurra de manera profunda y saludable», concluye.