El programa, implementado por Fundación Choshuenco en 78 jardines infantiles de la red pública, busca fortalecer el vínculo entre familias y educación inicial en un contexto marcado por rezagos en el desarrollo infantil tras la pandemia.
Tras el impacto de la pandemia, los efectos en el desarrollo de niños y niñas en edad preescolar continúan siendo motivo de preocupación. Organismos como UNICEF han advertido sobre retrocesos en áreas clave como el lenguaje, la socialización y la asistencia en educación inicial, lo que ha instalado la necesidad de reforzar estrategias de recuperación desde los primeros años.
En ese escenario, el rol de las familias ha vuelto a posicionarse como un factor determinante. Estudios de la OECD coinciden en que la participación activa de madres, padres y cuidadores incide directamente en los procesos de aprendizaje temprano, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad.
Con ese foco, la Fundación Choshuenco impulsa un Programa de Transferencia Pedagógica que actualmente se implementa en 78 jardines infantiles de la red pública en 20 comunas del país, alcanzando a más de 6.000 niños y niñas, junto a sus familias, y a cerca de 950 integrantes de equipos educativos.
“En nuestro país intentamos recuperar aprendizajes, pero seguimos dejando fuera a las familias siendo ellos un actor clave en el desarrollo de un niño.
Mientras eso no cambie, cualquier política en educación inicial va a tener un impacto limitado”, afirma José Manuel Jaramillo, director ejecutivo de la fundación.
La iniciativa contempla la instalación de Centros de Familia al interior de los establecimientos, espacios destinados a acompañar a madres, padres y adultos responsables en su rol como primeros educadores. A través de encuentros, instancias formativas y acompañamiento continuo, el modelo busca fortalecer el vínculo entre el hogar y el proceso educativo.
El programa se implementa mediante comunidades de aprendizaje y un proceso reflexivo con los equipos educativos, lo que permite adaptar su ejecución a la realidad de cada establecimiento y sostenedor.
El avance de este tipo de experiencias se da en un contexto donde uno de los principales desafíos del sistema sigue siendo la baja articulación entre el entorno familiar y el educativo, un factor que especialistas identifican como clave para sostener mejoras en el desarrollo integral durante la primera infancia.
“Si Chile quiere avanzar en calidad educativa desde la base, la educación inicial tiene que integrar de manera efectiva a las familias, no como un complemento, sino como un componente estructural del sistema”, sentenció Jaramillo.