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Estudio UDLA detecta que estudiantes universitarios otorgan alto valor a diálogo con docentes

Los estudiantes universitarios valoran como una fortaleza predominante la comunicación participativa con sus docentes, así como el acompañamiento en su aprendizaje y la autoformación, reveló la investigación liderada por la Facultad de Educación de Universidad de Las Américas (UDLA), que identificó y describió cómo los alumnos perciben el proceso de enseñanza cuando se centra en ellos.

En contraste, las dimensiones de innovación metodológica y condiciones ambientales no fueron bien evaluadas, lo que implica un gran desafío por su relevancia en la educación centrada en el estudiante. “Este resultado nos permite desprender que las condiciones físicas y el entorno de aprendizaje son áreas críticas que necesitan atención y mejora”, postula el estudio.

El equipo a cargo del estudio “Formación centrada en el estudiante: caracterización de perfiles dominantes en estudiantes de educación superior”, publicado en la revista Formación Universitaria, estuvo a cargo de Jorge Valdivia, académico investigador de la Facultad de Educación de UDLA, y contó con la colaboración de los académicos Raquel Villalobos y José González, de las Universidades SEK y Católica del Maule, respectivamente.

La finalidad del trabajo fue comprender en profundidad la diversidad de cómo los estudiantes perciben el enfoque de enseñanza centrada en ellos. Valdivia explicó que “este estudio aborda esta necesidad mediante la identificación de perfiles dominantes entre estudiantes universitarios chilenos, utilizando la escala ECAFEU”. Este instrumento consta de 12 dimensiones, cada una compuesta por cinco reactivos, los cuales se valoran mediante una escala Likert de cinco categorías. Su aplicabilidad radica en que permite identificar perfiles estudiantiles —a diferencia de otros instrumentos orientados a evaluar la efectividad de intervenciones o metodologías específicas—, reconociendo que la respuesta de los estudiantes frente a la enseñanza puede variar de manera significativa.

Afirma, asimismo, que “aporta una metodología de análisis de clúster, especialmente configurada para identificar perfiles dominantes, lo que permite agrupar al estudiantado según sus patrones de respuesta, revelando tendencias que podrían no ser evidentes con otros instrumentos”. Se agregan la validación de la escala ECAFEU en el contexto chileno, midiendo la percepción del alumno en dimensiones del clima de aula, y aportando una herramienta robusta para futuras investigaciones; y la focalización del estudio en el país: “Más aún, aporta evidencia empírica específica del contexto de la educación superior en Chile, que puede tener particularidades culturales e institucionales relevantes”, destacó el académico.

Tres perfiles dominantes

La investigación identificó tres perfiles: uno de quienes perciben la experiencia de manera frágil, otro con apreciaciones más positivas y un tercero sin postura definida. Estos perfiles representan el 68% de la muestra y “revelan una diversidad significativa en las experiencias y valoraciones de la muestra estudiada, lo que subraya la importancia de considerar la heterogeneidad del alumnado en la planificación pedagógica”.

“Las instituciones de educación superior (IES) han adaptado progresivamente sus intenciones educativas, tanto en la formación del estudiantado como en las estrategias del cuerpo docente, para alinearse con este enfoque”, señala el experto de UDLA. Así, la configuración de perfiles ofrece a autoridades y docentes información clave para decisiones contextualizadas, que “optimizarán la calidad del proceso formativo y asegurarán su coherencia con el enfoque pedagógico centrado en el estudiante”, añade. Estos alcances pueden impactar en decisiones para la formación y los perfiles tienen repercusiones significativas en la caracterización de las variables estudiadas. Un ejemplo es que el perfil con baja percepción sugiere la necesidad de estrategias de apoyo y acompañamiento más intensivas, en tanto que el perfil con alta percepción indica a estudiantes que se benefician de un ambiente de aprendizaje enriquecedor y que probablemente estén mejor preparados para enfrentar los desafíos de su futura profesión.

Otros hallazgos

En relación con el avance curricular, los resultados muestran una tendencia progresiva en la valoración del enfoque centrado en el estudiante a medida que aumentan los años de formación. Si bien los estudiantes de quinto año presentan las percepciones más favorables y los de segundo año las más bajas, los niveles intermedios, tercer y cuarto año, evidencian posiciones transicionales, con valoraciones superiores a los cursos iniciales y cercanas a las observadas en los niveles finales. Esto sugiere que la experiencia universitaria, la mayor vinculación disciplinar y el incremento de instancias prácticas podrían fortalecer gradualmente la percepción positiva del proceso formativo.

De este modo, no se trata de un fenómeno exclusivo del último año, sino de una evolución progresiva durante la trayectoria académica. A medida que los estudiantes avanzan en su carrera, tienden a reconocer con mayor claridad el acompañamiento docente, la pertinencia de los aprendizajes y la articulación entre la teoría y práctica, elementos centrales en una formación centrada en el estudiante.

Los autores sostienen que los resultados pueden servir para informar la planificación estratégica pedagógica en IES, implementando mejoras en áreas de baja percepción, como las condiciones ambientales o la innovación metodológica. También plantean que la caracterización de perfiles permite a los docentes adaptar sus estrategias para atender a las necesidades de los alumnos, personalizando el aprendizaje y promoviendo un aula más inclusiva y efectiva.

Proponen, además, estrategias diferenciadas según el nivel académico del estudiantado para fortalecer la experiencia formativa desde etapas tempranas y manifiestan que los perfiles diferenciados deben ser un criterio de análisis para diseñar intervenciones pedagógicas contextualizadas.

Muestra y medición de dimensiones

El estudio, cuantitativo y descriptivo-interpretativo, observó las variables como se dan naturalmente, realizando análisis estadísticos para concluir sobre la población a partir de la muestra. Del total de 334 estudiantes participantes, el 38,6% pertenecía a modalidad diurna, el 27,5% a modalidad online y el resto a formatos vespertinos o semipresenciales. Al comparar percepciones, los estudiantes de modalidades online y vespertinas mostraron valoraciones más positivas del enfoque centrado en el estudiante, mientras que la modalidad diurna registró los promedios más bajos. Estos resultados sugieren la necesidad de profundizar en los factores pedagógicos y organizacionales que podrían explicar dichas diferencias.

Para determinar los perfiles dominantes se trabajó sobre dos hipótesis. Una, que existen diferencias significativas en la percepción del clima de aula centrado en el estudiante entre el alumnado de diferentes años de estudio. La segunda, que hay perfiles dominantes de alumnos en relación con su percepción del clima de aula centrado en el estudiante.

Se midieron las siguientes dimensiones de la Escala ECAFEU: Comunicación dialógica docentes-estudiantes (D1), relaciones afectivas entre estudiantes (D2), acompañamiento y orientación del estudiante en el aprendizaje (D3), aprendizaje cooperativo (D4) y autónomo (D5), organización y disciplina en desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje (D6), condiciones ambientales (D7), innovación metodológica (D8), vínculo teoría-práctica profesional (D9), valores (D10), evaluación (D11) y satisfacción en el proceso de enseñanza-aprendizaje (D12).

Las mejores puntuaciones fueron para comunicación dialógica entre docentes y estudiantes (29,3%), relacionada con espacios democráticos de diálogo; acompañamiento y orientación del estudiante en el aprendizaje (15,3%) y aprendizaje autónomo (11,7%). Áreas menos destacadas fueron valores (2,1%) e innovación metodológica (0,6%), lo cual respecto de esta última “sugiere la necesidad de una actualización metodológica dirigida al personal docente, que promueva la innovación en el aula”. Las menores puntuaciones fueron para condiciones ambientales (58,4% de frecuencias bajas), relaciones afectivas entre estudiantes y evaluación del aprendizaje (18,3% y 3,6% en dimensiones descendidas).

 

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