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El crédito que no llega. Por Gonzalo Escobar – Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB

Un estudio de la fintech Destácame revela que más de la mitad de los chilenos que solicitan un crédito en el sistema financiero son rechazados, lo cual es un reflejo alarmante de la desconexión del sector bancario con las necesidades reales de la población. Que un 50% de las solicitudes termine negando un crédito obliga a pensar si el sistema financiero está a la altura de las necesidades de la sociedad.

Durante las últimas décadas se cuenta con un sistema financiero robusto y estable. Sin embargo, esta estabilidad parece estar cimentada en una aversión al riesgo que hoy, bajo un escenario económico complejo, pasa la cuenta. Cuando la banca formal cierra sus puertas a más de la mitad de los solicitantes, no está simplemente protegiendo su patrimonio; está empujando a miles de agentes económicos hacia otros actores no regulados.

La exclusión financiera tiene consecuencias profundas. Un ciudadano rechazado por el sistema bancario no deja de tener la necesidad de financiamiento; simplemente cambia de proveedor. El problema es que, fuera de la regulación sectorial, lo que espera es el mercado informal: intereses usureros, falta de protección al consumidor y, en los casos más graves, métodos de cobranza extrajudiciales que bordean la legalidad. Al ser demasiado estrictos en la formalidad, estamos alimentando involuntariamente la informalidad.

La pregunta es: ¿a qué se debe esta situación? La alta carga financiera, la inestabilidad laboral y un historial crediticio que castiga fuertemente incluso los errores menores, son los principales culpables. No obstante, hay un factor estructural que no podemos ignorar: la banca tradicional sigue operando con modelos de evaluación del siglo pasado. En la era del big data y las fintech, basar la aprobación de un crédito exclusivamente en una liquidación de sueldo o en el registro de Dicom es, por decir lo menos, insuficiente.

Aquí es donde las fintech tienen una oportunidad, pero también un desafío enorme. Si bien estas plataformas prometen democratizar el acceso al crédito mediante algoritmos más flexibles y fuentes de datos alternativas, aún enfrentan barreras regulatorias y de su propio financiamiento que limitan su masividad. La integración de estos nuevos actores es vital si queremos que esa población rechazada tenga una alternativa de financiamiento formal.

Es imperativo que el debate sobre la portabilidad financiera y otras regulaciones evolucione hacia una discusión sobre la inclusión real. No se trata de otorgar créditos de manera irresponsable, sino de entender que el perfil del trabajador chileno ha cambiado. Hoy tenemos más trabajo independiente, más emprendedores y más personas con ingresos variables que el sistema financiero tradicional simplemente no sabe leer.

En conclusión, el hecho de que más de la mitad de los solicitantes de crédito sean rechazados es un síntoma de un sistema que está operando a media máquina. Para reactivar la economía y recuperar la confianza ciudadana, necesitamos que la banca formal deje de ser un club exclusivo y se transforme en un puente. Si no somos capaces de abrir la puerta a quienes buscan progresar legalmente, no nos sorprendamos cuando el crecimiento del país se detenga por falta de acceso a financiamiento. Es hora de que el sistema financiero chileno mire menos los papeles y más la realidad de las personas, y ojo que esto no se soluciona flexibilizando la tasa máxima convencional como se ha planteado.

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