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Día de la madre: la importancia del movimiento físico en la salud mental materna

Sonia Roa, kinesióloga y docente de la Universidad del Desarrollo, explica que el bienestar durante el embarazo y postparto responde tanto a factores emocionales como físicos, que se correlacionan.

Mayo es el mes en el que se conmemora el Día de la Madre y el de la Salud Mental Materna, que tiene por objetivo visibilizar trastornos en el embarazo y puerperio –periodo posterior al parto-. Entre ellos, uno de los más conocidos es la depresión postparto, que afecta a una de cada 15 mujeres en el mundo según la revista internacional The Lancet.

En ese contexto, Sonia Roa, kinesióloga, subdirectora del Centro de Salud y Estilo de Vida de la Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo, sostiene que el bienestar mental y físico de las madres no debe abordarse por separado, sino en conjunto pues se trata de un fenómeno biopsicosocial. Es decir, comprende tres dimensiones: mental, que abarca las emociones, pensamientos, imagen corporal y capacidad de afrontamiento; social, que comprende las redes de apoyo, el contexto familiar y las exigencias del entorno; y biológica, que incluye el cuerpo, los cambios hormonales, el dolor, el sueño, la fatiga y la funcionalidad física.

“Cuando se habla de salud mental materna la dimensión biológica es la que más frecuentemente queda sin atención especializada y no es algo menor. Cuando intervenimos el cuerpo, reducimos el dolor, restauramos la funcionalidad y la conciencia corporal, estamos actuando directamente sobre el sistema nervioso central, que es el elemento compartido entre lo físico y lo mental. El cuerpo no es un receptáculo del estado emocional, es parte constitutiva de él”, explica Roa.

La relación entre el bienestar emocional y físico de las madres en las etapas que rodean el embarazo está mediada por el sistema nervioso central, pues implica cambios hormonales intensos como, por ejemplo, el brusco descenso de estrógeno y progesterona tras el parto, que también reduce los niveles de serotonina y dopamina creando una ventana de vulnerabilidad para los trastornos del ánimo.

Esas fluctuaciones hormonales se traducen en síntomas como dolor persistente lumbar, pélvico o cervical; fatiga extrema o sensación de agotamiento constante; alteraciones del sueño; irritabilidad; llanto fácil o sensación de desborde; sobrecarga musculoesquelética que mantiene al sistema nervioso en un estado de alerta sostenida; y la sensación de desconexión con el propio cuerpo. “Esto último no es metafórico, sino que tiene una correlación neurobiológica: cuando el sistema nervioso está sobrecargado la autopercepción se altera. La mujer pierde la capacidad de leer sus propias señales corporales con claridad y eso, que parece un síntoma menor, afecta profundamente su sentido de identidad, su vínculo con el bebé y su capacidad de autocuidado”, puntualiza la especialista.

Kinesiología como tratamiento de la salud mental

Ante esto la kinesióloga docente de la UDD, propone “el movimiento del cuerpo como una intervención farmacológica, pero sin fármaco”. Ya que con el ejercicio aumentan los niveles de serotonina, dopamina y noradrenalina en el cerebro y se estimula la secreción de BDNF, un factor neurotrófico que está reducido en personas con depresión que es fundamental para la protección de las neuronas, la generación de nuevas redes y el mantenimiento de su plasticidad -capacidad del sistema nervioso para cambiar, reorganizar su estructura y funcionamiento-.

A través del entrenamiento de fuerza, el cuerpo mejora la tolerancia al esfuerzo físico y la regulación del sistema nervioso autónomo, lo que se traduce en una mayor capacidad de respuesta ante el estrés y menor reactividad emocional ante las demandas cotidianas.

En un nivel más específico del cuidado de la salud perinatal, la kinesiología también trabaja la musculatura del suelo pélvico cuya importancia, enfatiza Roa, va más allá de la continencia pues es una parte que se tensa inconscientemente cuando el cerebro está bajo estrés, pudiendo provocar disfunción. De este modo, la kinesioterapia pélvica ayuda a modular el sistema nervioso, mejorar la coordinación muscular y desarrollar conciencia corporal.

Dada la oportunidad que ofrece el deporte de actuar como medicina para el malestar físico y mental de las madres, la académica UDD eleva la necesidad de que el abordaje de la salud mental perinatal sea multidisciplinario.

Contemplando no solo la ginecología y obstetricia, sino también la psicología o psiquiatría, nutrición, redes de apoyo y kinesiología con enfoque en salud de la mujer. “En esta etapa la salud de las madres no se fragmenta, se integra, y dejar fuera el componente corporal es dejar incompleto el cuidado”, concluye.

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