Los recientes casos de virus Andes, variante del hantavirus, han generado dudas sobre su capacidad de propagación en la población. La transmisión humana de este patógeno es un fenómeno poco habitual y posee un comportamiento distinto al de otras crisis sanitarias.
El virus se adquiere habitualmente de forma accidental a través de partículas presentes en los desechos de roedores silvestres. Al comparar su funcionamiento con el de otras infecciones respiratorias, se observa que la posibilidad de que un individuo infecte a otro es sumamente baja.
Sobre este escenario, el Dr. César Bustos, infectólogo y académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que “la transmisión entre personas, aunque está descrita, es poco frecuente e ineficiente porque no es la manera en la que el virus desarrolló para transmitirse en la naturaleza”.
A diferencia de lo ocurrido con el coronavirus, este patógeno muestra una propagación limitada incluso en entornos cerrados. En ese sentido, el experto señala que, en el brote detectado en el crucero que transitó por Chile y Argentina, la proporción de afectados fue mínima en comparación con total de personas que compartieron el espacio.
Bajo este contexto, recalca que la infectividad de esta variante no representa una amenaza de alcance global. Según el Dr. Bustos, “esto no tiene capacidad de constituirse en una pandemia como sí lo hizo el COVID-19”.
Sistema sanitario y prevención
El brote del virus ha abierto conversación en la opinión pública sobre la reacción de los gobiernos. No obstante, la disparidad en las medidas tomadas por países como España y Estados Unidos frente a posibles contagios responde a la autonomía de cada sistema sanitario.
Al respecto, el académico de la Uandes es enfático en decir que la vigilancia depende de la experiencia de cada autoridad local con la enfermedad. “Solamente la autoridad nacional de cada país sabe lo que es conveniente para su población: cuándo está en riesgo y qué medidas son apropiadas para tomar o no”, sostiene.
El periodo de incubación de esta variante se sitúa entre una y ocho semanas, lo que influye directamente en la duración de las cuarentenas preventivas. Algunos países aplican el aislamiento total por precaución, mientras que otros privilegian el reporte de síntomas ante la baja probabilidad de contagio detectada.
El Virus Andes tiene su reservorio en roedores que transmiten la infección a través de heces, orina o saliva. El ser humano se contagia al inhalar accidentalmente partículas virales presentes en estos desechos ambientales que quedan en superficies, según detalla el Dr. Bustos.
Una vez que el virus ingresa al organismo, el periodo de incubación promedio es de 30 días, tiempo en el que la persona no manifiesta malestares. Al respecto, el experto advierte que, tras este plazo, el cuadro clínico puede agravarse de forma repentina.
“Los síntomas pueden ser desde leves, como de un resfriado, o más intensos y la persona puede tener un cuadro de fiebre, de compromiso de estado general, y en situaciones graves, desarrollar algo que se llama síndrome cardiopulmonar”, concluye.