Buscar

¿Sabías que una parte de tu cuenta de la luz se paga en dólares?. Por Nicolás García, director de Solcor

Las cuentas de la luz son un ítem sensible en los hogares chilenos y las empresas. Mensualmente nos recuerdan que es necesario pagar por usarla y que su rol es fundamental en la ciencia, la cultura y el desarrollo humano. Desde el internet, pasando por los láseres médicos y las comunicaciones por fibra óptica, la luz es una gran protagonista de la civilización moderna.

Este 16 de mayo, fecha en que se conmemora el Día Internacional de la Luz, es una buena excusa para conocer una particularidad del cobro de la luz en Chile relacionada con el precio del dólar y sus constantes fluctuaciones.

Lo primero que hay que saber es que las tarifas eléctricas reguladas en el país no se calculan de forma arbitraria. La Comisión Nacional de Energía (CNE) determina semestralmente el llamado Precio de Nudo Promedio (PNP), que corresponde al promedio ponderado de los precios de los contratos de suministro que las distribuidoras se adjudican mediante licitaciones públicas. Estos contratos se expresan en dólares por megawatt-hora (US$/MWh) y cada uno trae su propia fórmula de indexación, que típicamente incluye el CPI de Estados Unidos (índice de precios al consumidor estadounidense) y los precios internacionales de combustibles como el gas natural (Henry Hub), el carbón y el petróleo. Al traspasarse a los clientes regulados, ese precio se convierte a pesos chilenos según el tipo de cambio observado del dólar.

¿Por qué el dólar? Porque los contratos de suministro entre generadoras y distribuidoras eléctricas están denominados en dólares por megawatt-hora (US$/MWh). Así quedaron establecidos históricamente debido principalmente a que tanto los combustibles que alimentan las centrales de gas natural, carbón o diésel, como el financiamiento e inversión de los proyectos de generación, se transan en dólares en los mercados internacionales.  El resultado es que cada variación del tipo de cambio se traspasa, con mayor o menor rezago, al precio que paga el cliente final.

En otras palabras, cuando el dólar sube de forma sostenida, esa variación termina trasladándose tarde o temprano al precio que paga el cliente final. Esto no es coincidencia, es porque así funciona la estructura del sistema, aunque existen mecanismos de estabilización tarifaria que pueden amortiguar el efecto en el corto plazo.

Si para una familia promedio y para las empresas con tarifa regulada este dato ya es relevante, para el sector industrial de mayor escala la situación es aún más variable. Las plantas manufactureras, agroindustriales, cementeras, papeleras, centros logísticos, por nombrar algunos ejemplos, suelen ser clientes libres o estar en la llamada franja intermedia del mercado eléctrico (clientes con potencia conectada entre 300 kW y 5.000 kW, que pueden optar entre tarifa regulada o precio libremente negociado con un suministrador). Eso significa que una porción relevante de su cuenta eléctrica está literalmente negociada en dólares, sin el paraguas de la tarifa regulada. Para una empresa que también compra insumos importados, exporta en dólares y financia maquinaria en esa moneda, la electricidad se convierte en una variable más dentro de una ecuación cambiaria que puede volverse muy difícil de gestionar.

Entonces, ¿qué se puede hacer? La respuesta más directa, y la más concreta disponible hoy, es producir energía propia aprovechando los recursos naturales.  Una vez instalada, la energía solar fotovoltaica, no depende del tipo de cambio para operar, no está sujeta a contratos denominados en dólares ni a la volatilidad de los mercados internacionales de combustibles. Es local, predecible y, en el caso del norte y centro de Chile, enormemente abundante.

No es casual que el autoconsumo solar haya crecido con fuerza precisamente durante los años en que el dólar ha mostrado mayor volatilidad. Las empresas que instalaron paneles solares hace cinco o diez años, hoy observan con cierta calma los vaivenes cambiarios, porque una parte de su consumo ya no está expuesto a ellos.

El Día Internacional de la Luz es una buena oportunidad para replantearnos las cosas. Chile cuenta con uno de los niveles de radiación solar más altos del planeta, tiene el desierto más árido del mundo y miles de techos industriales que reciben sol todos los días. Posee también una estructura de precios eléctricos que hace especialmente vulnerable a las empresas y hogares frente a los ciclos del dólar.

Aprovechar estas ventajas es una decisión estratégica, porque en un sistema donde la luz depende del dólar, producirla localmente es también una forma de recuperar control. La luz siempre ha sido un motor de desarrollo, y ahora puede ser la llave para hacerlo más estable, competitivo y propio.

noticias relacionadas

Por qué el Mundial expone la gran deuda del deporte: sostener a los fans más allá del partido. Por Kevin Janzen, CEO del Gaming y EdTech AI Studio en Globant

Salud femenina: entender el cuerpo también es una forma de autocuidado. Por Josefa Rodríguez, nutricionista y jefa de Desarrollo del servicio de tercerización de Laboratorio FNL

Invariabilidad tributaria y crisis de confianza. Por Claudia Meza Sagredo – Académica Facultad de Economía y Negocios UNAB

Del reciclaje marginal a una prioridad estratégica. Por Daniel Paredes, gerente general de TriCiclos