La experta de ESE Business School señala que los altos márgenes actuales podrían desincentivar las reformas de eficiencia y modernización necesarias, repitiendo el estancamiento vivido en el ciclo 2003-2012.
Con un precio promedio que supera los US$5 la libra en lo que va del año, la minería chilena atraviesa un periodo de bonanza histórica. Sin embargo, para Cecilia Cifuentes-directora del Centro de Estudios Financieros (CEF) del ESE Business School de la Universidad de Los Andes- este escenario de holgura financiera esconde una trampa peligrosa para la competitividad a largo plazo del país.
La economista advierte que el principal riesgo macroeconómico no es la volatilidad externa, a propósito de la guerra en Irán y las restricciones para el ácido sulfúrico impuestas por la República Popular China, sino la complacencia interna. Según explica, los altos ingresos pueden actuar como un «anestésico» ante la necesidad de realizar cambios estructurales en las operaciones.
“El mayor riesgo de un ciclo de precios elevados es que atenúa los incentivos para mejorar la eficiencia. Con márgenes amplios, los problemas de productividad se vuelven tolerables y las urgencias de reforma se posponen”, afirma Cifuentes.
Cabe recordar que Chile produjo en el primer trimestre de este año 1.226.290 toneladas de cobre fino, una caída de 6% frente al mismo periodo de 2025, con 1.301.772 toneladas del metal.
Paradoja de la abundancia: efecto en la economía nacional
Mirando hacia el futuro, Cifuentes reconoce que la demanda impulsada por la electromovilidad y la inteligencia artificial parece estructural. No obstante, advierte que la confianza excesiva en estos factores puede llevar a Chile a un estancamiento productivo.
La economista define este riesgo bajo un concepto clave para el actual momento económico: “Un ciclo alcista más prolongado, aunque probablemente no permanente, acentúa el riesgo del fenómeno conocido como ‘la paradoja de la abundancia’, que consiste en dejarse estar en términos de buscar la eficiencia productiva”.
La experta recuerda que Chile ya enfrentó una situación similar durante la primera década de este siglo, con resultados que aún afectan el crecimiento potencial de la economía nacional. Para la académica, existe la posibilidad real de que la industria no aproveche este impulso para dar un salto tecnológico.
“Chile lo ha vivido antes: durante el boom 2003-2012, el aumento de ingresos cupríferos convivió con un estancamiento de la productividad total de factores que todavía pagamos”, señala, agregando que, de no mediar una estrategia clara, la industria minera podría salir de este ciclo “sin haber dado los saltos de eficiencia y modernización que se requieren”.
Costos al alza y el peso de la regulación
A pesar de los precios récord, la rentabilidad no es inmune a las presiones inflacionarias y operativas. El encarecimiento de combustibles, energía y logística, sumado al envejecimiento de los yacimientos nacionales, plantea un desafío estructural. Cifuentes advierte que el beneficio del superciclo no es neto: “Parte del beneficio del superciclo se diluye en mayores costos operacionales”.
Por otro lado, aunque el precio incentiva la expansión, la tramitación de proyectos sigue siendo un cuello de botella. Si bien reconoce la voluntad política actual para destrabar permisos, enfatiza que el precio no compensa la incertidumbre:
“El precio actual del cobre es muy atractivo, pero no basta para movilizar inversiones de largo plazo si el clima regulatorio sigue siendo percibido como incierto”.
En definitiva, para la directora del CEF, el éxito de este ciclo no se medirá por cuántos dólares ingresen a las arcas fiscales hoy, sino por cuán preparada y eficiente quede la minería chilena para cuando el precio, inevitablemente, vuelva a niveles normales.