El asteroide 2026 JH2 pasará este lunes a cerca de 91 mil kilómetros de la Tierra, en uno de los acercamientos más próximos registrados recientemente para un objeto de este tamaño. Aunque la distancia puede parecer enorme, en términos astronómicos corresponde a un paso relativamente cercano, incluso menor a la distancia que existe entre el planeta y la Luna.
El cuerpo espacial fue descubierto hace apenas unos días por el programa astronómico Mt. Lemmon Survey, en Arizona (Estados Unidos), y desde entonces ha sido monitoreado por organismos internacionales dedicados a la vigilancia de cuerpos cercanos a la Tierra.
Sebastián Espinosa, astroestadístico y académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes (Uandes), explica que el 2026 JH2 corresponde a un “asteroide cercano a la Tierra”, es decir, un objeto cuya órbita pasa por la vecindad orbital del planeta.
Según las estimaciones actuales, tendría entre 15 y 35 metros de diámetro, un tamaño pequeño en escala astronómica y comparable “con una casa o un bus grande”. Sin embargo, el experto aclara que estas mediciones todavía tienen cierto margen de incertidumbre, ya que en muchos casos el tamaño se calcula indirectamente a partir del brillo del objeto.
¿Puede impactar la Tierra?
Pese a la cercanía de su trayectoria, Espinosa recalca que no existe riesgo de impacto para la Tierra. “La información disponible indica que no representa un peligro”, señala.
También, indica que organismos como la NASA y el Jet Propulsion Laboratory (JPL) monitorean permanentemente este tipo de objetos para refinar sus órbitas y actualizar las predicciones sobre sus trayectorias.
“En este caso, el acercamiento es seguro, pero científicamente interesante”, afirma.
Además del seguimiento orbital, el evento sirve como una prueba natural para los sistemas de vigilancia planetaria.
El académico de la Uandes explica que este tipo de observaciones no siempre son sencillas, especialmente cuando se trata de asteroides pequeños. “Suelen ser débiles, rápidos y visibles solo durante breves ventanas de tiempo”, comenta.
A eso se suman dificultades técnicas asociadas a la observación desde la Tierra, como las condiciones atmosféricas, el clima o el brillo solar, que puede impedir detectar objetos que se aproximan desde la dirección del Sol.
Finalmente, el experto indica que el 2026 JH2 no podrá verse a simple vista desde Chile, y solo sería observable mediante telescopios y cielos despejados. Sin embargo, el académico destaca que este tipo de eventos son frecuentes y ocurren porque la Tierra comparte su vecindad orbital con numerosos cuerpos menores que, en la gran mayoría de los casos, no representan una amenaza.