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Ante el uso excesivo y sin control: ¿se puede convertir el tiempo frente a la pantalla en un momento de aprendizaje familiar?

Este sábado 30 de mayo, el campo deportivo Refinería Concón será escenario de una nueva jornada abierta a la comunidad, que pondrá en valor la historia de la Hacienda Concón Bajo, fue hospital de campaña durante la Guerra Civil de 1891, y el patrimonio arqueológico del sector.

El uso compartido de tecnología ofrece una valiosa oportunidad para que las familias desarrollen habilidades juntos y creen momentos significativos.

Dado que el uso de dispositivos móviles, tabletas o computadoras es una realidad ineludible y se ha extendido en la sociedad, es crucial cuestionar cuál es su impacto real en la dinámica familiar. ¿Es realmente perjudicial su uso en este entorno? Tradicionalmente, se ha argumentado que el tiempo frente a las pantallas puede disminuir la interacción y debilitar los vínculos familiares, pero es momento de cuestionar la veracidad de esta premisa.

En Chile, un 58% de los niños, niñas y adolescentes obtienen su primer celular con conexión a Internet antes de los 10 años. Este acceso temprano es fundamental para analizar el impacto del tiempo frente a la pantalla, dado que el dispositivo se emplea para diversas actividades como apoyo escolar, ocio o autoaprendizaje; datos que provienen del estudio Kids Online, en una colaboración entre las universidades de Chile y Católica, el MINEDUC y UNICEF.

Martina López, Investigadora de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, en la realidad actual es casi imposible aislar a las personas de la tecnología. No obstante, es factible transformar el uso de pantallas en experiencias familiares compartidas y positivas, para fomentar el aprendizaje, la creatividad e incluso estrechar los lazos familiares. “Por ejemplo, aunque los videojuegos puedan parecer un simple pasatiempo vano para los menores, cuando la familia se involucra en ellos, se convierte en una oportunidad para conocer mejor los intereses de los hijos, trabajar en equipo y practicar la resolución de problemas”.

¿Cuál es el rol de los padres en el uso de pantallas? Su acompañamiento es esencial, no solo para gestionar el tiempo y los horarios sino, primordialmente, para salvaguardar a los niños y adolescentes de peligros como el ciberacoso o las estafas. Aunque existen herramientas de control parental para vigilar actividades y establecer barreras, la conversación con ellos para consolidar mensajes sigue siendo lo más importante.

Acciones para enriquecer el tiempo familiar con tecnología

Las actividades que a veces realizan niños y adolescentes, y que podrían parecer solitarias o pasivas, son en realidad una gran oportunidad para organizar encuentros de juego familiares que sean tanto divertidos como educativos.

Las actividades más frecuentes que se pueden llevar a cabo incluyen:

1. Los videojuegos. Este entretenimiento digital, a través de historias y desafíos, puede convertirse en una herramienta que fomenta la colaboración y el pensamiento estratégico familiar. Como cuidadores, involucrarse en los videojuegos que sus hijos eligen les permite comprender mejor sus intereses y pasatiempos. Esto facilita entablar conversaciones más serias y necesarias, como establecer límites razonables en el tiempo de pantalla, hablar sobre los riesgos del ciberacoso, supervisar las interacciones que se dan dentro del juego y asegurar un equilibrio con actividades al aire libre.

2. Creación digital. La participación activa de los padres es crucial, ya que refuerza la importancia de la resiliencia a través de conversaciones y mediante el establecimiento y el respeto mutuo de límites digitales claros. En este aspecto, las herramientas de creación digital se pueden emplear para diseñar arte digital o llevar a cabo experimentos científicos virtuales. Plataformas como Scratch, Tynker o code.org ofrecen ejercicios de programación de nivel básico que facilitan la colaboración y promueven el desarrollo de habilidades esenciales como la resolución de problemas, el pensamiento contextual y la resiliencia.

“La programación se ha convertido en una alternativa interesante para desarrollar el pensamiento analítico en los niños; además a trabajar en equipo para resolver problemas”, destaca López.

3. Escribir juntos su primera novela virtual. Las historias familiares pueden transformarse en cuentos o novelas utilizando herramientas digitales. Plataformas como Storybird, Plotagon o Toontastic, entre otras, facilitan dar vida a estas narrativas con elementos visuales, fomentando así la creatividad de los niños. Este proceso de creación conjunta, además, fortalece la confianza familiar.

4. Crear un diario digital si salen de vacaciones. Los momentos compartidos en familia inspiran la creación de recuerdos duraderos. Documentar estas vivencias, como aventuras y lugares visitados, facilita la comprensión mutua de los pensamientos y sentimientos entre padres e hijos. Además, esta práctica es clave para aprender a discernir qué información es apropiada o no para ser compartida.

5. Participar en recorridos virtuales. La realidad virtual se ha consolidado como una herramienta que ofrece una experiencia de aprendizaje atractiva. Permite explorar y conocer más a fondo diversos campos, como el arte y la historia, e incluso visitar nuevos lugares y museos. Si bien no reemplaza la visita presencial, tiene el potencial de despertar la curiosidad de los adolescentes sobre lo que han visto y de ayudarles a comprender cómo funciona la realidad aumentada.

Uso significativo de la tecnología

La emoción del juego se inicia con la preparación previa y la motivación que se genera en conjunto. Involucrar a más miembros de la familia en estas actividades facilita un aprendizaje más completo e integral. Además, se puede considerar invitar a otros amigos de los niños para fomentar el trabajo en equipo.

“La participación activa de los padres en el uso que sus hijos dan a la tecnología es crucial para la educación digital de niños y adolescentes. Al involucrarse, los padres no solo están mejor equipados para identificar y entender los posibles riesgos, sino que también descubren oportunidades valiosas para el aprendizaje colaborativo y el desarrollo mutuo de habilidades”, concluye López.

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