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La ropa dura un 36% menos: cómo la ciencia busca evitar que se convierta en desecho

Este sábado 30 de mayo, el campo deportivo Refinería Concón será escenario de una nueva jornada abierta a la comunidad, que pondrá en valor la historia de la Hacienda Concón Bajo, fue hospital de campaña durante la Guerra Civil de 1891, y el patrimonio arqueológico del sector.

Chile importa más de 126.000 toneladas de indumentaria al año, de las cuales una gran parte termina como residuo. Para combatir esta problemática, la industria química impulsa tecnologías que extienden la durabilidad de la ropa y viabilizan su reciclaje total.

Convertido en uno de los vertederos textiles más grandes del mundo según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Desierto de Atacama refleja el impacto de la importación masiva de prendas en el país.

Para dimensionar esta crisis, cifras de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (CEPE) revelan que solo en 2021 ingresaron a Chile más de 126.000 toneladas de ropa usada o sin vender. La mayor parte de este volumen llega a través de la zona franca de Iquique, un área comercial libre de impuestos, pero al carecer de valor para el mercado de segunda mano, la ONU advierte que decenas de miles de toneladas terminan siendo vertidas directamente en el desierto.

El origen de este enorme volumen de residuos radica en el actual modelo de consumo y en la baja durabilidad de las prendas modernas. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la vida útil de la ropa ha caído drásticamente: en comparación con hace 15 años, hoy una prenda se utiliza un 36% menos de veces antes de ser arrojada como desecho, muchas veces debido al rápido desgaste de sus fibras.

Para mitigar este impacto, empresas del sector químico como BASF impulsan soluciones en dos frentes clave del ciclo textil. El primero comienza en el hogar: mediante aditivos biotecnológicos en detergentes, es posible disolver la suciedad con agua fría, evitando el daño térmico que destruye las telas y prolongando su uso, como Lavergy A Star 200 L. El segundo frente actúa cuando la indumentaria pierde definitivamente su utilidad, aplicando tecnologías pioneras de reciclaje «textil a textil». Estas innovaciones permiten descomponer la ropa para recuperar sus moléculas originales (como las poliamidas) y así fabricar materia prima nueva sin extraer recursos fósiles.

Sobre esta transición hacia la economía circular, Maricruz Lezcano, Consultora de Marketing Care Chemicals de BASF para el Cono Sur, explica cómo la tecnología permite intervenir el ciclo de vida de la ropa.

“La acumulación de prendas en el norte de Chile es una señal concreta de que el modelo de moda desechable debe cambiar. Hoy la ciencia nos permite actuar desde distintos frentes: desarrollando tecnología que cuida las fibras en el lavado y, finalmente, transformando la ropa vieja en materia prima mediante reciclaje químico. El objetivo de la industria es entregar soluciones concretas para que la indumentaria deje de ser considerada un artículo desechable”, indica la especialista.

De esta forma, la innovación aplicada tanto al cuidado doméstico como a la manufactura ofrece alternativas viables para enfrentar la crisis de los residuos, promoviendo un ecosistema circular que busca erradicar los vertederos irregulares a largo plazo.

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