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¿Los créditos de libre inversión están derrotando a las tarjetas de crédito?

Este sábado 30 de mayo, el campo deportivo Refinería Concón será escenario de una nueva jornada abierta a la comunidad, que pondrá en valor la historia de la Hacienda Concón Bajo, fue hospital de campaña durante la Guerra Civil de 1891, y el patrimonio arqueológico del sector.

Aunque la tarjeta de crédito sigue siendo el instrumento más utilizado, los créditos de libre inversión están ganando terreno como una alternativa más estructurada para poder enfrentar una deuda con responsabilidad. Byron Flores Estevez, profesor de EAE Business School, perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza cómo los usuarios están replanteando su relación con el crédito y qué factores están influyendo en estas nuevas decisiones.

Cómo acceder a un crédito es algo que las personas siguen aprendiendo. Según la Radiografía a la educación e inclusión financiera en Chile, elaborada por el Centro de Políticas Públicas UC y Banco Falabella, además de la brecha de género y socioeconómica que señalan los encuestados para acceder a productos financieros, solo el 20% afirmó entender el funcionamiento de las tasas de interés.

Pese a esto, los chilenos siguen acudiendo recursos financieros como la tarjeta de crédito, que durante años ha sido dominante por su flexibilidad y facilidad de uso, aunque también busquen alternativas más estructuradas que les permitan tener mayor control sobre sus finanzas, como los préstamos o créditos de consumo.

«No creo que estemos viendo un reemplazo de la tarjeta de crédito», explica Byron Flores Estevez, profesor de EAE Business School. «En su lugar, es quizás un cambio en la forma como se utiliza. Cada vez más personas recurren a créditos de libre inversión cuando necesitan ordenar su deuda o financiar gastos específicos, porque ofrecen previsibilidad en pagos y mayor control financiero».

A diferencia de la tarjeta, que funciona como una línea abierta que se puede usar y reutilizar, los préstamos personales establecen desde el inicio el monto, plazo y cuota fija que se deberá pagar. Esta diferencia estructural está influyendo directamente en la toma de decisiones de los usuarios.

Para corto plazo, según analiza el experto, la tarjeta es muy útil, pero cuando se convierte en un mecanismo recurrente de financiación puede generar desorden. Es fácil que la tarjeta se vuelva una extensión del ingreso, y eso es un error. El préstamo, en cambio, obliga a planificar, y eso contribuye a mejorar la salud financiera del usuario.

El cambio de preferencia también puede responder a aquellos errores recurrentes, como el de subestimar el costo real de la deuda, especialmente cuando se usan tarjetas para cubrir gastos cotidianos de forma continua. Las pequeñas compras, acumuladas con intereses, terminan generando una carga difícil de sostener. Y es que cuanto mayor cupo en la tarjeta, mayor es la falsa sensación de capacidad de pago.

Es por eso que los créditos de libre inversión están encontrando un espacio relevante, especialmente como herramienta para consolidar deudas o financiar gastos planificados de mayor valor, como educación, vivienda o proyectos personales.

«Hay que tener en cuenta que acceder a estas opciones alternas a la tarjeta también implica nuevos riesgos si no se gestionan correctamente», advierte Byron Flores. «La facilidad para obtener el crédito, que hoy se puede desembolsar en segundos mediante las apps bancarias, puede llevar a decisiones impulsivas o a niveles de endeudamiento que superan la capacidad real de pago».

El docente subraya que tener acceso a un crédito no significa necesariamente poder asumirlo, por eso recomienda, antes de tomar cualquier decisión, entender la capacidad de pago real, comparar opciones y, especialmente, tener claridad sobre el propósito de la deuda, especialmente ahora que las decisiones financieras están atravesadas por la inmediatez y el consumo impulsivo.

Al final, el truco para usar créditos sin morir en el intento es cambiar cómo se entienden estos, que no son una extensión automática del ingreso ni «dinero extra», sino una herramienta que debe usarse con criterio y conocimiento. Si no se tiene, buscar el asesoramiento de un experto para que el sueño que se quiera financiar no se convierta en una pesadilla.

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