Investigación liderada por el Instituto Milenio para la investigación del cuidado (MICARE) evidenció que la educación y la actividad física pueden aumentar significativamente los años libres de deterioro cognitivo. El análisis también mostró importantes desigualdades de género y territoriales en la vejez chilena, especialmente fuera de la Región Metropolitana.
La investigación desarrollada por MICARE reveló importantes brechas en la salud cognitiva de las personas mayores en Chile, identificando que las mujeres y quienes viven en regiones extremas presentan mayores riesgos de deterioro cognitivo durante la vejez.
El estudio, en el que participaron las investigadoras Dra. Sarahi Ruedas, Dra. Claudia Miranda y Dra. Alejandra Araya, analizó datos de 1.959 personas mayores chilenas, permitiendo evaluar factores como el nivel educacional, la actividad física y el territorio impactan en los años de vida libres de deterioro cognitivo.
Según explicó Dra. Alejandra Araya, la motivación principal del estudio surgió de la necesidad de comprender cómo las desigualdades sociales y territoriales influyen en la salud cognitiva de la población mayor chilena. «Sabíamos que existían diferencias importantes en envejecimiento y acceso a la salud, pero queríamos cuantificar cómo estas desigualdades impactan concretamente en los años de vida libres de deterioro cognitivo y cómo factores modificables, como la educación y la actividad física, pueden transformarse en herramientas de protección», señaló la investigadora.
Los resultados
Uno de los principales hallazgos fue la diferencia entre hombres y mujeres respecto a los años libres de deterioro cognitivo. A pesar de que las mujeres presentan una mayor esperanza de vida, los hombres viven un porcentaje mayor de sus años sin síntomas de deterioro cognitivo.
Las cifras mostraron que las mujeres vivirían un 78,2% de sus vidas libres de síntomas cognitivos, mientras que en los hombres esta cifra alcanza el 86,2%. Además, las mujeres mayores con sospecha de deterioro cognitivo vivirían más del doble de años con esta condición en comparación con los hombres, que es de 4,3 años versus 1,9 años, respectivamente.
«Las mujeres aparecen como el grupo más afectado por el deterioro cognitivo y la demencia, lo que se relaciona con múltiples factores, como una mayor esperanza de vida, desigualdades estructurales, trayectorias de vida más vulnerables y diferencias en acceso a salud», explicó Dra. Araya.
El ejercicio y más años libres
Otro de los resultados relevantes estuvo asociado al impacto de la actividad física. Entre quienes no realizaban deporte, los hombres mayores presentaban un 7% más de años libres de síntomas cognitivos que las mujeres. Sin embargo, solo las mujeres mostraron beneficios significativos asociados a la práctica deportiva.
Las mujeres que realizaron actividad física aumentaron en 5,5 años el tiempo esperado libre de deterioro cognitivo, equivalente a una mejora de 4,7% en salud cognitiva respecto a su esperanza de vida total.
«Los resultados muestran que la actividad física puede transformarse en una herramienta clave de equidad, especialmente para mujeres con menor nivel educacional, ayudando a retrasar el deterioro cognitivo y mejorar su calidad de vida en la vejez», sostuvo Dra. Araya.
Diferencias geográficas
En materia territorial, la investigación identificó importantes diferencias entre la Región Metropolitana y el resto del país. Las personas mayores que viven en regiones extremas y macrozonas fuera de Santiago presentaron un riesgo significativamente mayor de deterioro cognitivo.
El análisis reveló que las macrozonas norte y sur registraron riesgos superiores al 30% respecto de la Región Metropolitana, mientras que, en términos generales, las personas mayores que viven fuera de Santiago presentan más de un 10% de riesgo adicional de deterioro cognitivo.
Además, las diferencias de género en años libres de deterioro cognitivo persistieron hasta los 70 años y, en algunas zonas del país, incluso hasta los 75 años.
«Estos resultados reflejan que las desigualdades territoriales también impactan profundamente en la salud cognitiva. Las regiones más desfavorecidas enfrentan mayores limitaciones de acceso a servicios, más multimorbilidad y mayores barreras estructurales, lo que finalmente repercute en el envejecimiento saludable», explicó la investigadora.
La investigación concluyó que la promoción de la educación y la actividad física debe transformarse en una prioridad para las políticas públicas orientadas al envejecimiento saludable y la prevención del deterioro cognitivo.
«Este estudio demuestra que las políticas de envejecimiento no pueden abordarse de manera homogénea. Chile necesita estrategias con enfoque territorial que permitan reducir las brechas y mejorar la calidad de vida de las personas mayores», concluyó Dra. Alejandra Araya.