Cada 31 de mayo, el Día Mundial Sin Tabaco nos invita a mirar más allá de los logros alcanzados. Sí, hemos avanzado: más regulación, campañas efectivas y una población más consciente. Sin embargo, la industria tabacalera no descansa. Ha encontrado en el vapeo su nueva arma de seducción, especialmente entre los jóvenes. Bajo sabores exóticos y colores llamativos, se esconden riesgos tan graves —o más— que los del cigarrillo tradicional.
Las cifras son contundentes: en Chile, el 54% de los adolescentes ya ha probado el cigarrillo electrónico al menos una vez, mientras que la OMS alerta que más de 15 millones de jóvenes vapean en el mundo. Frente a esta realidad, países como el Reino Unido avanzan hacia una «generación libre de humo». Pero ¿qué pasa con quienes ya fuman?
Mientras el 63,9% de los chilenos quiere dejar el hábito, a nivel mundial más del 70% de los fumadores lo desea, pero solo entre el 4% y 7% lo logra. La falta de acceso a tratamientos efectivos es crítica: a nivel global, solo el 33% de las personas tiene acceso a servicios de cesación cubiertos.
La reciente incorporación del tratamiento de cesación al Plan GES en Chile es un avance crucial, pero debe complementarse con políticas robustas de rehabilitación y control de la adicción. Proteger a los jóvenes con una generación libre de humo es un camino, pero también debemos ofrecer una salida real a los adultos atrapados en esta epidemia.