Tras una década de inestabilidad institucional (8 presidentes), los peruanos aspiran a que el elegido en este balotaje pueda rencauzar el país y complete su mandato, entregando urgentes soluciones a sus mayores preocupaciones: inseguridad ciudadana, enquistamiento del crimen organizado, alto costo de vida y avance de las economías ilegales.
De allí, que la candidata de la derecha, Keiko Fujimori que por cuarta vez busca la Presidencia de Perú se haya posicionado con un discurso de “mano dura” contra la criminalidad, mientras que su competidor, el izquierdista Roberto Sánchez se centrara en denunciar la “mafia política”, esa que asegura ha impedido el progreso de los peruanos y especialmente de las regiones apartadas del país.
La intención de voto, a seis días de la definición presidencial, dan una ventaja que oscila entre tres y cinco puntos porcentuales a Fujimori, pero la incertidumbre se centra en el elevado número de indecisos, que las encuestas lo ubican hasta en 34% y que estarían concentrados, según las mismas, en esa región norte que tradicionalmente no actúa como un bloque homogéneo y hoy está fracturado para este balotaje en “costa (derecha) vs. sierra (izquierda)”.
Para tener una idea baste con señalar que el norte peruano, compuesto principalmente por Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad y Cajamarca, ha sido históricamente el «antídoto» al sur andino y, por tanto, el gran motor de las victorias de la derecha. Para esta ocasión sigue el claro predominio de esta tendencia política ya que es una zona de fuerte actividad comercial, pesquera y agroindustrial. Para estos sectores, el discurso de la seguridad ciudadana (frente a las extorsiones) y la estabilidad económica es vital. Tumbes, de hecho, fue una de las regiones con el porcentaje fujimorista más alto del país en la primera vuelta.
El panorama cambia drásticamente cuando se sube a los andes norteños, ya que Cajamarca, la cuna del detenido expresidente Pedro Castillo ya no es el bastión izquierdista de hace cinco años, aunque el candidato Sánchez con su discurso de abandono estatal a estas zonas mineras y el aumento de la pobreza rural, ha logrado concitar un apoyo mayoritario. A diferencia de la sierra liberteña y piurana, donde predomina.
Entre tanto, el centro y oriente del país es considerado un botín político a conquistar, por el elevado número de ciudadanos que no han definido su voto. Los sondeos ubican a los indecisos y el voto en blanco superando el 30%.
De esta forma la atención está concentrada en regiones como Junín, Huánuco, Loreto y San Martín, muy volátiles electoralmente, especialmente para la segunda vuelta. Si bien es previsible que el electorado urbano vote por la derecha, también lo es que las zonas rurales tengan mayor recepción al discurso de resentimiento de la izquierda.
Desde final de este abril (pocos días después de que oficializara la segunda vuelta entre Fujimori y Sánchez tras mes y medio de escrutinio por denuncias de irregularidades) cuando se registró un empate en la intención de voto 38% entre los candidatos, según la encuestadora Kambista, todas las mediciones electorales han registrado el ascenso sostenido de la candidata de derecha quien capitalizará los apoyos ciudadanos de Rafael López Aliaga, también de derecha, quien por 30 mil votos perdió el pase al balotaje frente al aspirante izquierdista.
Las mediciones de Ipsos, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), CPI y el promedio de RTVE muestran a Keiko Fujimori en primer lugar con una ventaja que oscila entre el 36% y el 38% frente a Roberto Sánchez, que recaba apoyos entre un 30% y un 35%. Una de ellas proyecta que la derechista obtendrá este domingo el 52.8% de los votos frente a 47.2% de su rival político.
Sin embargo, la balanza finalmente se inclinará por la definición de los indecisos y el comportamiento electoral de la zona norte del país.
Un país partido en dos
Polarizado bajo dos ejes históricos, socioeconómicos, modelos de gobierno y visión de país se encuentra Perú, con un agravante: el hastío ciudadano con sus líderes políticos.
Ello se evidencia en las zonas de dominio electoral de cada candidato. Así, mientras Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, consolida el mayoritario respaldo ciudadano en la capital (Lima) y los sectores pro-mercado, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú y sectores aliados al castillismo, capitaliza el descontento de las regiones del interior y el voto de izquierda.
Fuerza Popular mantiene su ventaja en Lima Metropolitana y el Callao, siendo éstas su núcleo duro por concentrar casi un tercio del electorado nacional; la región agroexportadora de Ica, en la costa sur, y la amazonía urbana. En la capital, la intención de voto por Fujimori supera el 50%
Entre tanto, la estructura geográfica que llevó a la presidencia a Pedro Castillo mantiene inamovible su política izquierdista. Sánchez, ha centrado su mensaje en la identidad andina, el descontento social y el abandono estatal a estas zonas de fuerte actividad minera, criticando el centralismo limeño. Así esta región compuesta por Puno Cusco, Apurímac, Ayacucho y Huancavelica es su bastión inexpugnable, es la fuerza del Perú profundo. Allí su intención de voto se eleva hasta el 70%. De igual forma, el corredor minero y la costa sur lateral (Arequipa, Tacna y Moquegua) son leales a la izquierda, al igual que las zonas de economía informal o ilegal, que se concentran en provincias de la sierra.
Y el duelo por la región norte, como reseñamos anteriormente, está en la costa dominado por Fujimori con hasta 45% de intención de voto porque ha calado su discurso de “mano dura” contra la inseguridad y el crimen organizado, especialmente las extorsiones, mientras que en la sierra la preferencia es por Sánchez, gracias al voto rural e indígena.
Así las cosas y dado que los extremos geográficos están prácticamente definidos, la presidencia de la República no se ganará en los bastiones, sino en los territorios ‘bisagra’ (en el norte el duelo costa vs. sierra y en el centro del país) y entre los sectores que hoy miran el proceso con desconfianza, que podrían decantarse por votar en blanco o anularlo, tal cual lo hicieron en la primera vuelta presidencial, donde el porcentaje de éstos fue de 16.84%, porcentaje superior al que dio a Sánchez el tiquete para el balotaje (12.03%) y menos de un punto porcentual al que obtuvo Fujimori (17.19%). A ello hay que sumar que más de seis millones de ciudadanos se abstuvieron de ejercer su derecho al sufragio.
Quien sea capaz de seducir a este elevado número de peruanos apáticos y frustrados que sienten que ninguno de los dos candidatos los representa y el que logre conquistar el mayoritario respaldo en esa franja que separa a Lima del Perú profundo ganará la Presidencia este domingo.