En la reciente Cuenta Pública, el Presidente afirmó: «Queremos que Chile vuelva a ser un país de propietarios, no de arrendatarios». Si bien la aspiración es compartida, omite la realidad de las familias en extrema vulnerabilidad. Para la pobreza más dura, la propiedad hoy no es una alternativa real y su única puerta de entrada a una vivienda digna son los programas de arriendo.
A esta exclusión habitacional se suman legítimas dudas sobre el plan de ajuste fiscal. Los recortes presupuestarios en Educación, Salud y Desarrollo Social, junto a la falta de precisiones en anuncios como la Sala Cuna Universal, la reinserción social y la migración con enfoque de infancia, ponen en riesgo la continuidad de programas sociales clave.
Más que declaraciones generales, Chile necesita certezas urgentes para los sectores más vulnerables. Desde el Hogar de Cristo, reiteramos nuestra disposición para trabajar en conjunto por soluciones reales que no dejen a nadie atrás.