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Más déficit y eventual venta de activos: lo que revela el nuevo decreto fiscal del Gobierno

El Ministerio de Hacienda publicó la nueva hoja de ruta para la política fiscal entre 2026 y 2030, documento en el que reconoce que no alcanzará el equilibrio estructural al término de la administración. La meta ahora será llegar a un déficit estructural de 1,5% del PIB en 2030 y mantener la deuda bruta del Gobierno dentro del rango del 45% del PIB.

El ajuste marca un cambio respecto de la trayectoria planteada anteriormente, cuando se esperaba avanzar hacia un balance estructural al final del periodo. En el nuevo escenario, Hacienda estima un déficit de 2,6% para 2026, cifra muy superior al 0,5% considerado en la versión previa.

Javier Mella, académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes (Uandes), sostiene que el documento implica un reconocimiento del deterioro en las proyecciones de las cuentas públicas.
“El decreto de política fiscal viene a reconocer que no se llegará al balance estructural al final del Gobierno, como previamente se había anunciado”, señala.

El economista agrega que este sinceramiento está en línea con la solicitud de mayor endeudamiento por US$6.200 millones, monto que, según explica, es similar al aumento del déficit proyectado para 2026 en comparación con el decreto anterior.

El desafío de contener la deuda

Para Mella, una de las señales más relevantes está en la diferencia entre las metas presentadas de un año a otro. “Ahora, se plantea un déficit de 2,6% para 2026 versus un 0,5% planteado el año anterior”, afirma.

Otro punto que destaca es el énfasis puesto por Hacienda en mejorar la gestión de activos y pasivos del Estado, aspecto que podría transformarse en una herramienta clave para cumplir el límite comprometido de endeudamiento.
“Leyendo entre líneas, uno podría decir que hay un interés en, probablemente, vender ciertos activos no líquidos que ayudan a mantener la deuda bruta dentro del rango del 45% del PIB”, plantea el académico de la Uandes.

Esa lectura abre una segunda discusión: no solo cuánto margen tendrá la administración para reducir el desequilibrio de las cuentas públicas, sino también qué mecanismos utilizará para sostener la trayectoria comprometida. En ese escenario, la gestión de activos fiscales aparece como una pieza relevante dentro de una estrategia que reconoce un margen más estrecho que el proyectado inicialmente.

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