Mientras las consultas respiratorias graves en mayores de 65 años aumentaron 9,2% durante la última semana, especialistas advierten que las infecciones respiratorias y la inactividad propia del invierno pueden acelerar la pérdida de masa muscular, aumentar el riesgo de caídas y comprometer la independencia de una población que ya representa cerca del 20% de los habitantes del país.
Las consultas por infecciones respiratorias graves en personas mayores de 65 años aumentaron un 9,2% en la última semana, según el más reciente reporte de la Campaña de Invierno 2026 del Ministerio de Salud. La cifra preocupa especialmente porque este grupo presenta una de las coberturas de vacunación más bajas del país: apenas un 57,9%, lo que equivale a cerca de 1,7 millones de adultos mayores que aún no se han inmunizado contra la influenza.
Especialistas advierten que el impacto del invierno en este grupo va mucho más allá de una infección respiratoria. La combinación de enfermedades estacionales, hospitalizaciones prolongadas e inactividad física puede acelerar la pérdida de masa muscular, aumentar el riesgo de caídas y comprometer la autonomía de las personas mayores.
El escenario ocurre en un momento clave para Chile. Actualmente, cerca de 4 millones de personas tienen 60 años o más, representando casi el 20% de la población nacional. Además, los resultados preliminares del Censo 2024 confirmaron que el envejecimiento de la población continúa acelerándose, transformando el cuidado y la prevención en invierno en un desafío cada vez más relevante para la salud pública.
Para la Dra. Adriana López Ravest, geriatra de Centro Médico Nueva Estoril y presidenta de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, el riesgo va mucho más allá de contraer un virus respiratorio.
«El invierno no solo trae frío. Puede acelerar la pérdida de salud y autonomía en las personas mayores. Una infección respiratoria aparentemente simple puede desencadenar pérdida de fuerza muscular, caídas, descompensación de enfermedades crónicas, deterioro cognitivo e incluso dependencia funcional», explica.
La especialista advierte que muchas veces el verdadero impacto aparece después de la enfermedad.
«Una semana de hospitalización puede traducirse en una pérdida importante de masa muscular y funcionalidad que luego tarda meses en recuperarse. En personas mayores, el invierno no solo enferma: puede hacer perder autonomía», señala.
El peligro silencioso de quedarse en casa
Si bien las bajas temperaturas favorecen la circulación de virus respiratorios, los especialistas advierten que otro factor suele pasar inadvertido: la inactividad física.
La Dra. Beatriz Urrutia Ramírez, reumatóloga del Centro Médico Nueva Estoril y miembro del directorio de la Sociedad Chilena de Reumatología, explica que durante los meses fríos muchas personas reducen drásticamente su movilidad.
«El mayor problema no siempre es el frío. Muchas veces es que las personas salen menos de sus casas, se mueven menos y comienzan a perder masa muscular. La pérdida de fuerza aumenta el riesgo de caídas, fracturas, discapacidad y pérdida de independencia», afirma.
Según la especialista, incluso períodos breves de inactividad pueden tener consecuencias importantes después de los 60 años.
«Las semanas de inmovilidad generan pérdida muscular progresiva. Esto puede traducirse en dificultades para levantarse de una silla, subir escaleras o caminar con seguridad. Y cuando aparece la dependencia, también aumenta el aislamiento social y el deterioro emocional», agrega.
Vacunarse y mantenerse activo: las dos claves para enfrentar el invierno
Las especialistas coinciden en que la mejor estrategia para atravesar esta temporada combina prevención de enfermedades respiratorias y actividad física regular.
Entre las principales recomendaciones destacan:
• Vacunarse contra la influenza y Covid-19 si corresponde.
• Mantener actividad física regular, incluso dentro del hogar.
• Realizar ejercicios de fuerza y equilibrio al menos dos o tres veces por semana.
• Evitar permanecer sentado o acostado durante períodos prolongados.
• Mantener una alimentación adecuada con suficiente aporte de proteínas.
• Conservar el contacto con familiares, amigos y redes de apoyo.
• Consultar precozmente ante síntomas respiratorios o cambios en el estado general.
«Envejecemos más rápido cuando dejamos de movernos. Mantenerse activo es una de las herramientas más efectivas para conservar la independencia y la calidad de vida», enfatiza la Dra. Urrutia.
Por su parte, la Dra. López concluye que la prevención sigue siendo la medida más efectiva.
«Lo más caro no es prevenir el invierno; lo más caro es llegar tarde. Vacunarse, mantenerse activo y contar con acompañamiento familiar puede marcar la diferencia entre conservar la autonomía o perderla».