Diez mujeres participaron durante 3 meses en un taller liderado por la maestra Juana Mendoza Pailamilla, una iniciativa impulsada por Oficios Varios que busca preservar y transmitir uno de los saberes más antiguos de Pomaire.
Entre el barro, el agua y el fuego, la alfarería ha dado forma a la identidad de Pomaire durante siglos. Esta localidad ubicada a 50 kilómetros de Santiago es reconocida por una tradición que remontan a tiempos precolombinos y que, históricamente, fue sostenida por mujeres que moldearon las piezas que hoy conocemos; tales como la paila, la olla de sahumerio, el jarro pato y la colorera, piezas que acompañaron la vida campesina de los habitantes de este lugar.
Los desafíos para la alfarería
La transformación de los modos de vida, la migración de las nuevas generaciones y los pocos espacios de aprendizaje, han puesto en riesgo el traspaso de conocimientos que se ha realizado durante generaciones en Pomaire.
Con ese desafío en mente, la organización Oficios Varios desarrolló la cuarta versión de este taller: el Taller de Alfarería Tradicional de Pomaire, realizado durante tres meses, entre marzo y junio, y guiado por la reconocida artesana Juana Mendoza Pailamilla. El espacio reunió a diez mujeres interesadas en aprender las técnicas ancestrales y profundizar en la elaboración de piezas tradicionales que hoy son cada vez menos utilizadas.
“Yo quiero dejar algo para mi pueblo, que no se acabe la tradición, que siga esta tradición de Pomaire”, afirma Juana Mendoza.
Mendoza recuerda que antiguamente a las alfareras se les conocía como “loseras”. “Mi madre era losera. Antes no se hablaba de alfareras o artesanas. Eran las mujeres las pioneras que trabajaban la greda”, explica.
Juanita también advierte sobre los cambios que ha experimentado la producción local. “Pomaire siempre se destacó por la alfarería tradicional y por el color rojo tradicional de la greda. Esto se ha ido perdiendo. Yo nací con esta tradición y voy a morir defendiendo lo natural”, señala.
Un conocimiento que atraviesa generaciones
Para las participantes, el taller significó mucho más que aprender una técnica artesanal. Fue también una oportunidad para reencontrarse con la historia del pueblo y con formas de conocimiento que sobreviven gracias a la experiencia de las maestras alfareras.
Lidia Valenzuela, una de las estudiantes del taller, comenta que llevaba años intentando participar en los talleres de Juana Mendoza para profundizar en las técnicas tradicionales y conocer la elaboración de piezas antiguas.
“Quería llegar a esas piezas más antiguas, como el jarro pato. Quería que la greda pasara por mis manos y poder darle mi propio toque, aprendiendo la técnica que Juana conoce. Y lo logré”, relata.
Algo similar le pasó a Juanita Valdés, quién destaca la figura de Juana Mendoza para la cultura de Pomaire: “La Juanita es una persona histórica. Nosotras hacíamos las ollas y pailas que usaban nuestras familias, pero ella conserva piezas que vienen de los caciques antiguos”, comenta.
Valdés también destaca el encuentro generacional que permitió el taller: “Estoy feliz de ver a mujeres más jóvenes queriendo aprender. Si algún día nosotras faltamos, podremos irnos tranquilas sabiendo que habrá alguien más moldeando la greda”.
Un oficio matriarcal
La experiencia también tuvo un importante componente comunitario. Lidia Trigo, otra de las participantes, señala que el espacio permitió fortalecer vínculos entre mujeres de la localidad: “Somos todas mujeres y la alfarería en Pomaire siempre tuvo una historia ligada a ellas. Aquí se dio un matriarcado. Socializamos, nos reímos. No queremos que el curso se termine”, afirma.
Desde Oficios Varios, la cofundadora e investigadora Javiera Naranjo explica que la iniciativa nació para enfrentar la interrupción en la transmisión de conocimientos tradicionales: “Este taller busca construir puentes frente a esa fractura de conocimiento que existe en la modernidad. Antes el conocimiento se traspasaba de generación en generación dentro de la familia, y eso se fue perdiendo porque los hijos y nietos se van a estudiar a otros lugares. Entonces, pensamos junto con Juanita y la organización, cómo hacer espacios que faciliten de nuevo ese intercambio de conocimientos”.
Tras cuatro años desde su creación, el Taller de Alfarería continúa reuniendo a pomarinas y pomarinos interesados en aprender este oficio directamente de quienes han dedicado su vida a esta técnica. Una apuesta por mantener la tradición que encuentra en las mujeres de Pomaire a sus principales guardianas.