El Propósito Empresarial, a pesar de señales de estancamiento, sigue siendo un activo estratégico para el 87% de las organizaciones chilenas. Así lo indica la cuarta medición del estudio Evolución del Propósito Empresarial, de Almabrands, realizada a 200 directivos y gerentes, en donde se constata que la presión por los resultados a corto plazo ha hecho caer su nivel de importancia del 77% al 66%, y su gobernanza o liderazgo se ha desdibujado.
“Esta caída refleja que, ante escenarios complejos, el propósito tiene el riesgo de perder prioridad”, advierte Carolina Altschwager, socia fundadora de Almabrands. Sin embargo, al contrastar los datos promedio con las organizaciones de alto impacto (empresas que reconocen que el propósito tiene un alto impacto en el negocio, en la cultura y en la marca), surge una narrativa potente que revela las claves para evitar que el propósito quede acotado a la reputación de marca o al ecosistema del clima laboral.
En efecto, el estudio revela cinco grandes conclusiones que distinguen a las empresas que logran que su propósito sea un motor para el negocio, la cultura y la marca:
En primer lugar, el propósito ha dejado de ser una declaración y pasa a transformarse en una capacidad organizacional. La gran diferencia entre empresas de alto y bajo impacto no radica en haber definido un propósito, sino en su capacidad de integrarlo en los procesos organizacionales cotidianos (+30 puntos porcentuales de brecha entre unas y otras) y ejecutarlo con excelencia.
En segundo lugar, el liderazgo es el principal acelerador. El propósito no escala solo; las organizaciones exitosas cuentan con líderes claros que lo traducen en decisiones y comportamientos, marcando una brecha de +34 puntos porcentuales frente a las de bajo impacto.
En tercer lugar, la cultura es el principal mecanismo de impacto. El propósito genera valor real cuando modifica la experiencia diaria de las personas. En las compañías destacadas, este se ha transformado en un sello cultural propio (+34 pp) y las empresas se destacan por fomentar relaciones significativas (+30 pp), que son clave para habilitar la realización de los trabajadores.
Esto se complementa con el cuarto hallazgo: la conexión personal es crítica. Estas empresas logran vincular con éxito el trabajo diario de los colaboradores con su propio propósito personal (+32 pp).
La quinta conclusión demuestra que el propósito es también un activo comercial y de innovación. A diferencia del promedio del mercado donde el propósito salió del «top 5» de impulsores de crecimiento, en estas organizaciones el impacto va mucho más allá del ámbito cultural. El propósito se integra claramente con la estrategia de negocio (+23 pp), y es inspiración para innovar (+30 pp). Este diferencial también se aplica a la tecnología. Si bien a nivel general el 70% de los colaboradores no ve clara la relación entre Inteligencia Artificial y propósito, las organizaciones más avanzadas lo utilizan como criterio para gobernar la adopción de IA. En ellas, las decisiones tecnológicas consideran activamente su impacto en personas, clientes y sociedad (+26 pp), generando valor genuino más allá de la mera eficiencia.
Como cierre, en tiempos donde la presión del corto plazo amenaza con dejar de ver el propósito como una ventaja empresarial, el verdadero desafío es la ejecución. “Las organizaciones de alto impacto nos muestran señales claras: el propósito toma vida cuando líderes comprometidos lo transforman en un sello cultural, lo conectan con las motivaciones personales de sus equipos y lo utilizan como brújula para los negocios y la adopción tecnológica”, concluye Carolina Altschwager.