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Acuerdo entre Estados Unidos e Irán podría redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente, advierte experto UNAB

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El analista internacional Marcelo Pérez sostiene que un eventual tratado podría fortalecer la posición de Teherán, tensionar la relación entre Washington e Israel y abrir la puerta a nuevos alineamientos regionales con potencias como China.

El memorando de entendimiento interino alcanzado entre Estados Unidos e Irán abre un nuevo escenario para Medio Oriente, aunque su impacto dependerá de las condiciones definitivas que se acuerden una vez finalizado el período de negociación.

Así lo plantea Marcelo Pérez, analista internacional del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, quien advierte que el eventual levantamiento de sanciones y la reanudación de las exportaciones petroleras podrían fortalecer significativamente la posición de Teherán en la región.

“Si luego de las negociaciones se mantienen las mismas condiciones, el levantamiento del bloqueo de capitales, el cese de las hostilidades y la reanudación de la exportación de petróleo, entonces Irán quedará en una posición inmejorable para presionar a los aliados de Estados Unidos en la región, comenzando por Israel”, explica.

A juicio del experto, el acuerdo podría transformarse más en una estrategia para facilitar la salida estadounidense del conflicto que en una solución integral para las tensiones históricas de Medio Oriente.

“Este podría convertirse en un tratado para la salida expedita de Estados Unidos del conflicto más que en un tratado de paz general que solucione todos los conflictos en Medio Oriente”, sostiene.

Israel observa con preocupación el acercamiento entre Washington y Teherán

Uno de los actores que mira con mayor atención las negociaciones es Israel, tradicional aliado estratégico de Estados Unidos y uno de los principales críticos de cualquier acercamiento con Irán.

Para Pérez, un eventual fortalecimiento económico y político de Teherán podría traducirse en una mayor presión sobre la seguridad israelí.

“Un Irán más fuerte, con acceso a capital financiero y manejando el estrecho de Ormuz, se convierte en una pesadilla para Israel”, afirma.

El académico recuerda además los vínculos históricos entre Irán y Hezbollah en Líbano.

“Si el grupo comienza a recibir más apoyo iraní, entonces las fronteras israelíes tendrán que prepararse para soportar mucha más presión”, agrega.

Respecto de la relación entre Washington y Tel Aviv, el experto considera que el contexto político interno estadounidense podría modificar el tono de la alianza.

“Apoyar la guerra en Medio Oriente, siendo que Estados Unidos no tenía una causa real para involucrarse, ha terminado por dañar el capital político de Donald Trump”, señala.

Arabia Saudita y Emiratos podrían buscar nuevos aliados

El eventual acuerdo también podría tener consecuencias para los tradicionales socios de Washington en la región.

Según Pérez, países como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos podrían replantear sus alianzas estratégicas.

“Estos países han llevado gran parte de la carga de la guerra. La idea de permitir bases militares norteamericanas en su territorio era asegurar una protección efectiva y mantener una economía estable. Esto ha demostrado ser una utopía”, sostiene.

En ese contexto, el experto no descarta un acercamiento hacia otras potencias globales.

“No sería del todo extraño ver a los saudíes sentándose a la mesa con China, tratando de buscar un nuevo socio que pueda ofrecer aquello que Estados Unidos no fue capaz de cumplir”, afirma.

A su juicio, una de las principales lecciones que deja este conflicto es que “una alianza con Estados Unidos no es una garantía de nada”.

Una tregua más que un cambio estructural

Pese al optimismo que ha generado el anuncio, Pérez advierte que el acuerdo no implica necesariamente un cambio profundo en la relación entre ambos países.

“El régimen de los ayatolas se ha fortalecido. Mojtaba Jamenei puede decir hoy que soportó los intentos de Estados Unidos e Israel por eliminarlo y llevó a su país a una posición de poder”, explica.

Además del posible acceso a activos congelados y la reapertura de las exportaciones energéticas, Irán podría capitalizar políticamente el acuerdo a nivel interno.

“Podrá descongelar activos que llevan años en bancos norteamericanos, además de demostrar que el ejército iraní se ha modernizado y puede enfrentar un conflicto de desgaste sin tambalear. Son solo ganancias para el régimen”, afirma.

En el caso estadounidense, el experto prevé que la estrategia estará marcada por las prioridades internas.

“Lo más probable es que se produzca un borrón rápido del tema y que el foco cambie hacia las elecciones internas de noviembre”, indica.

Petróleo y comercio global: la importancia del estrecho de Ormuz

En el plano económico, Pérez estima que el acuerdo podría contribuir a estabilizar los mercados internacionales.

“Es del interés de todos los involucrados que el petróleo fluya, que los barcos naveguen y que las bolsas se tranquilicen”, señala.

Sin embargo, advierte que el estrecho de Ormuz seguirá siendo un factor clave para la seguridad energética global.

“No sería extraño que Irán intente establecer algún tipo de cuota o peaje para las embarcaciones que circulen por el estrecho. Ya demostró su capacidad de cerrar el paso y su resiliencia civil y militar”, concluye.

 

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