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Expertos alertan por pérdida de pensamiento crítico en niños y adolescentes

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

La inmediatez de las redes sociales, los buscadores y la inteligencia artificial estaría reduciendo los espacios para la reflexión profunda, el análisis y la argumentación, habilidades fundamentales para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo. El desafío ya no es acceder a la información, sino saber interpretarla, cuestionarla y utilizarla de forma crítica.

La inteligencia artificial está transformando la manera en que las personas acceden al conocimiento. Hoy, una consulta puede resolverse en segundos y grandes volúmenes de información están disponibles con solo un clic. Sin embargo, especialistas advierten que esta facilidad plantea un nuevo desafío para la educación: desarrollar la capacidad de análisis en un entorno donde las respuestas parecen estar siempre al alcance de la mano.

Durante décadas, el sistema educativo valoró principalmente la acumulación de conocimientos. Sin embargo, el escenario actual exige otras competencias. La capacidad de interpretar información, cuestionar resultados, resolver problemas y tomar decisiones fundamentadas se ha convertido en una habilidad esencial tanto en el ámbito académico como en el laboral.

«Hoy la inteligencia artificial puede entregar datos en cuestión de segundos. En este escenario, el valor humano radica en el pensamiento analítico: la capacidad de interrogar a la máquina, estructurar las instrucciones correctas, auditar los resultados y descomponer problemas complejos para que la tecnología ayude a resolverlos», explica Giselle Sepúlveda, Coordinadora Curricular de Academia Ziemax, expertos en desarrollo del pensamiento, innovación educativa y aprendizaje.

La especialista sostiene que el acceso masivo a la información ha cambiado las reglas del aprendizaje. Antes, el desafío consistía en encontrar datos; hoy, la diferencia está en saber analizarlos, contrastarlos y utilizarlos de manera efectiva.

Uno de los principales riesgos asociados a la inmediatez es la disminución de la denominada «tolerancia a la frustración cognitiva», es decir, la capacidad de sostener el esfuerzo mental necesario para comprender, investigar y analizar una situación antes de llegar a una conclusión.

«Al eliminar la fricción, la inteligencia artificial y los buscadores reducen la tolerancia a la frustración cognitiva. Si la respuesta no es inmediata, muchas veces el estudiante abandona el proceso de madurar una idea y profundizar en el análisis», señala.

La experta agrega que el problema no radica en el acceso a las respuestas, sino en dejar de desarrollar los procesos que permiten comprender cómo se construyen. «Existe el riesgo de aprender dónde encontrar la respuesta, pero no cómo se llegó a ella», advierte.

Diversos estudios han alertado sobre el impacto que puede tener la exposición constante a estímulos rápidos y la multitarea digital en la capacidad de concentración y reflexión profunda. En ese contexto, el desafío educativo no consiste en competir con la velocidad de la tecnología, sino en formar estudiantes capaces de formular mejores preguntas y evaluar críticamente las respuestas que reciben.

Frente a este escenario, el rol de docentes y familias resulta fundamental. Desde Academia Ziemax recomiendan promover conversaciones que inviten a explicar, justificar y argumentar ideas mediante preguntas como: «¿Por qué crees eso?», «¿Qué evidencia respalda tu respuesta?» o «¿Existe otra forma de resolver este problema?».

Asimismo, destacan la importancia de incorporar desafíos vinculados a situaciones reales, donde niños y jóvenes deban comparar opciones, analizar información y tomar decisiones fundamentadas. Desde la elaboración de un presupuesto familiar hasta la búsqueda de soluciones frente a problemas cotidianos, estas experiencias permiten fortalecer habilidades analíticas de manera práctica y significativa.

En el ámbito escolar, una estrategia efectiva consiste en evaluar no solo el resultado final, sino también el proceso. Solicitar mapas mentales, contrastar fuentes de información o mantener registros de los errores y aprendizajes obtenidos durante la resolución de una tarea contribuye a desarrollar una comprensión más profunda.

«Lo importante es comprender que el pensamiento analítico no se desarrolla mediante la memorización de contenidos, sino a través de oportunidades frecuentes para observar, cuestionar, reflexionar y resolver problemas. Son precisamente estas habilidades las que permitirán a los estudiantes desenvolverse de manera autónoma en un mundo cada vez más complejo y desafiante», concluye Giselle Sepúlveda.

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